Cintos de miradas desde lo más alto atestiguan la ceremonia; los barrios San Pedro, San Juan y San Sebastián consolidan su unión espiritual, expresan devoción y ascetismo, y realizan actos sagrados pero también reservados de Chamula, un pueblo de tradiciones milenarias, autoritario y regido por usos y costumbres.
La plaza cívica es apoderada por los Monos, (en tsotsil Maxes), que complementados con un gorro cónico, el atípico calzón de manta y lentes oscuros, -éste último simboliza una forma de burla a la modernidad-, siguen la ruta hacia el encuentro interno del espíritu.
Más que un jubileo carnavalesco y pintoresco, es una interpretación del sincretismo antiguo con raíces mayas y los lazos de la religión católica, que se efectúa para dar inicio a la Semana Santa y homenajear a Dios.
Entre los pasos simples de la danza, los Maxes se enfocan en transmitir su cultura, donde también la acústica del acordeón y las alabanzas fusionan una sola ideología de fe; al andar, son acompañados de Paxones y autoridades con cargos mayores, custodiados por alférez quienes no permiten estrictamente documentar el paso de las banderas y otras actividades.
Significado
Según la interpretación de la comunidad, el asta representa la lanza con la que los pecadores mataron a Cristo.
El último acontecimiento es la corrida del toro; los ganaderos del pueblo presentan a las bestias de más de 500 kilos en los barrios. El peligro es latente y no hay más que unos lazos corredizos de seguridad; la fuerza del animal impone pero sin importar riesgos algunos jinetes logran montar. Después de la novillada, los Maxes corren descontrolados y conducen al bovino nuevamente a su jaula.
De está manera y con saldo blanco, el K’in Tajimoltic finaliza una de las solemnidades más importantes y trascendentales de Chamula en honor a Jesucristo.












