Andrés Manuel López Obrador interrumpe hoy voluntariamente su paso por la jefatura de Gobierno del Distrito Federal para buscar la candidatura presidencial del Partido de la Revolución Democrática y, si no hay cambios de última hora, su lugar será ocupado por uno de sus colaboradores más fieles: Alejandro Encinas.
Para quien se queda en el gobierno del Distrito Federal, el reto de manejar política y administrativamente uno de los mayores conglomerados urbanos del mundo y centro del poder político, financiero, industrial, económico y cultural de México, no permite augurar éxitos fáciles; pero sí exige revisar constantemente la situación y atender el tablero de múltiples luces amarillas y rojas que senalan pendientes, urgencias y emergencias.
El renombre personal de López Obrador es sin duda su mayor mérito en los casi cinco anos transcurridos desde su toma de posesión, debido en buena parte al esmerado apoyo económico y social que otorgó a los ancianos, a las mujeres solas y a los inválidos.
Entre sus obras materiales más llamativas quedarán el segundo piso del Periférico y el mejoramiento del centro histórico, necesitado aun de más aliento junto a áreas que han crecido espectacularmente, como Santa Fe. El Metrobús es un buen intento de atender el problema del transporte citadino. Hasta aquí lo hecho.
Pero la agenda del nuevo jefe de Gobierno del DF tiene muchos pendientes. Recibe en herencia un paquete voluminoso de lo no hecho y de lo inconcluso.
Uno de los puntos más relevantes de esta agenda es el de la inseguridad que padece el Distrito Federal, acentuada por la impunidad; el desempleo, agravado por el decrecimiento económico; la circulación y el transporte público, que carecen de una forma mucho más estructurada y eficiente. Al ferrocarril metropolítano le urge una revisión, ampliación y mejora en su sistema operativo; el ambulantaje, que casi se duplicó; los taxis piratas , la manipulación de las viviendas para los trabajadores por activistas políticos y la ocupación de reservas ecológicas.
El agua golpea de dos extremas maneras a los capitalinos. Escasea en los grifos y brota de las alcantarillas con las lluvias. No hubo inversión en el drenaje profundo ni en su mantenimiento.
Hubo escandalosos casos de corrupción en el gabinete de López Obrador, que éste tuvo que admitir, aunque se excusó personalmente por desconocimiento de los hechos: éstos aun siguen sin ser explicados fehacientemente a los ciudadanos del país.
Quien releve al senor López Obrador deberá tener ya formulada su agenda de prioridades, que, además de las obras materiales insoslayables, incluyen una vasta coordinación con los otros poderes, el federal y el del estado de México, para la atención de muchos de los problemas comunes, geográfica y políticamente.
Pero una cuestión medular, que no ha sido satisfactoriamente resuelta, es la transparencia informativa.
La entidad más importante económicamente y la más poblada del país, no deberá escamotear la información de lo que hace, cómo lo hace y de qué manera lo financia, a los ciudadanos que con sus votos eligieron a sus mandatarios ni tampoco a los ciudadanos del resto del país que también contribuyen, por la vía fiscal, al mantenimiento de una ciudad que es, a fin de cuentas, de todos los mexicanos.
Los frecuentes llamados a una vida democrática deben convertirse en esta forma de rendición de cuentas que incluye la fiscalización libre, pública y social de los asuntos del gobierno del DF, y esta es una tarea que debe cumplir quien se ocupe de gobernar a la ciudad capital. (El Universal)











