Para algunos la fe mueve montañas, para otros la fe es atravesar y andar sobre estos monumentos naturales en busca de una flor nativa que solo se encuentra en una zona especifica del estado, la cual recolectan y brindan como tributo a uno de los tantos santos de Chiapa de Corzo. Ayer los floreros retornaron a casa.
Cada mañana del 14 de diciembre cientos de feligreses inician una caminata que les toma siete días. Los devotos del Niño Florero salen en busca de niluyarilu una singular flor de color rojo, utilizada como ofrenda a dicho santo.
A poco más de 500 metros de la zona arqueológica, donde se asentaron los antiguos zoques y chiapanecas, los fieles emprenden su andar a través de un camino de tercería, donde antes se bendicen junto al santo dentro de su humilde capilla.
“Son siete días de travesía donde buscamos parajes como son Rodeo, Multajó, Navenchauc y Mitziton que es donde cortamos la flor, a partir de este último punto retornamos y nos juntamos nuevamente todos para salir caminando hacia aquí”, platicó Tomás Nigenda Sanchez, patrono de los floreros desde hace 23 años.
Quienes realizan este sacrificio se internan entre las, praderas, colinas, montañas y dejan atrás sus roles sociales, familiares y hasta laborales con el único objetivo de recolectar la mayor cantidad de niluyarilu y entregársela a los pies del santo.
Los floreros que han realizado esta caminata se maravillan de los distintos paisajes que observan en su andar, además de la fraternidad que surge entre la comunidad devota al mostrar la solidaridad con los otros, al compartir los alimentos con quienes han terminado con sus víveres.
Para poder encontrar a la flor rojiza se tiene que llegar hasta terrenos de la zona Altos del estado; el clima cambia abruptamente, la altura sobre le nivel del mar castiga a los caminantes pero su devoción en más grande, afirman quienes realizan el trayecto.
“Sabemos que Jesús nació en un pesebre, entonces la flor representa a ello, además, de que a cinco días de haberse cortado la flor sigue igual, para cuando se haga el nacimiento del Niño Dios se seguiría viendo igual por eso es muy importante para nosotros esta flor”, agregó el patrono.
Sin embargo, lo más importante de este evento es el esfuerzo y sacrificio que realiza cada uno de los floreros, un acto que simboliza no solo devoción sino una creencia y compromiso con cada uno de ellos y que pretenden sirva de ejemplo para generaciones venideras.
Este 2016 fueron 495 las personas que emprendieron la caminata, todos retornaron saludables, con las excepciones de quienes sufren cansancio extremo o deshidratación; no es para menos ya que la mayoría traen consigo a su regreso mínimo 40 kilos de peso extra.
“Hay quienes traen cargando 60 kilos de flor, hay otros que pesan 40, 30 y también algunos niños que cargan entre 18 y 15 kilos. Para mañana (hoy) tendremos la velada de la flor donde todo el pueblo participa”, puntualizó Nigenda Sánchez.
El retorno
Cada 21 de diciembre, a su regreso los floreros son recibidos por una algarabía al son de música popular, cohetes y desayunos recién cocinados; el precario camino por donde antes salieron se ha convertido en una congregación que semeja una feria.
Miles de personas provenientes de todo Chiapa de Corzo acuden para ser partícipes de esta celebración, amigos y familiares felicitan a sus caminantes, quienes con el rostro ennegrecido y con postura de cansancio depositan frente al altar sus raciones de flor.
Por este día los devotos dejan de ser padres, amigos, parejas, hijos, hermanos y se convierten en los héroes del día, aquellos que lograron la encomienda y regresaron a casa para demostrar que la fe no solo mueve montañas, sino también las atraviesa.












