La barbarie toca la puerta

"El asesinato de Benazir Bhutto, lideresa de la oposición en Paquistán, repercute más en nosotros de lo que supondríamos de una nación de Asia central. En un mundo global ya no podemos ignorar el desmoronamiento de un país que hizo temblar a políticos e inversionistas en todo el mundo ante la incertidumbre.

No es cualquier país. Será en los territorios colindantes con Paquistán donde se definirá el destino del siglo XXI tanto por el crecimiento de China e India como por la guerra que se desarrolla a su costado en Afganistán e Irak. Esto lo convierte en la primera frontera entre el terrorismo internacional y el mundo occidental en el cual estamos inmersos.

Tampoco es Bhutto cualquier víctima. Muere una importante aliada musulmán de nuestro vecino del norte en el combate al radicalismo islámico y un emblema contra el autoritarismo -representado por el actual presidente Pervez Musharraf- que ha impedido a Paquistán, una potencia nuclear, desligarse de la autoridad militar.

La consecuencia directa en el corto plazo -económica por el alza en el precio del petróleo y del oro y la caída de las acciones en bolsa- es sólo el síntoma de una repercusión más grave. Bhutto pugnaba por elecciones libres, gobiernos civiles, libertades individuales y tolerancia que acercarían más a Oriente Medio con las democracias de Europa y América.

Debilitamiento del orden social como el desatado tras la muerte de Benazir es el caldo de cultivo perfecto para el debilitamiento del Estado, único capaz de dar certidumbre a un endeble sistema global del cual dependemos todos.



Somos inocentes por tolerantes

El Día de los Inocentes es casi fiesta nacional en México. Somos una sociedad que premia al ""abusado"", al ""vivo"", al ""transa"", al que engana, al que corrompe, al que sabe las canerías del sistema para ""ahorrarse una lana"", para conseguir un permiso, para no hacer el trámite, para vender piratería.

El que puede hacer tontos -inocentes- a los demás es un héroe. No cabe duda que tenemos los valores al revés.

Y la culpa no es de los que enganan, sino de los que se dejan enganar o, mejor dicho, de quienes toleran las transas del otro, de quien se deja vender ""chafa"", de quien se voltea para el otro lado para no ver cómo el dinero ""por abajo del agua"" fluye y aceita maquinarias administrativas y de poder.

Sí. Resulta que la víctima no es pasiva sino propiciatoria. La tolerancia a lo ilegal es un cáncer nacional del que muchos somos partícipes y ya se nos ha hecho costumbre. No denunciamos, no nos quejamos; vemos ilícitos y no los reportamos. ""No es mi problema"", ""para qué me meto"", ""ya dale pa' su chesco y vámonos"".

Nos acostumbramos al delito, comenzando por lo más pequeno: compramos ""chueco pero barato"", a sabiendas de que lo adquirido puede ser producto de un asalto físico o de un robo de propiedad intelectual. Sabemos en cuál casa del vecindario se vende droga y mejor no rajamos.

Los fraudes se multiplican y no es mejor el que los denuncia, sino quien sabe sortearlos. Cheques alterados, cuentas sin fondo, ""llegues"" a la caja de la empresa, autos inservibles y productos ""milagro"" corren como si nada, con nuestro consentimiento y tolerancia.

De ahí a solapar delitos mayores no hay más que un paso: asesinatos y violaciones.

Y al final del ano, el 28 de diciembre, nos reímos de los pobres ""mensos"" a los que les vieron la cara, a los que no supieron sumarse a esta cadena de delitos solapados. Qué vergüenza. (El Universal).

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