"Las advertencias sobre una posible recesión en la economía de Estados Unidos repercuten ya en las bolsas de valores de Nueva York y de Europa, un ano después de que Alan Greenspan, entonces presidente de la Reserva Federal, diera el primer campanazo.
Está en la naturaleza de la economía de mercado entrar a estos vaivenes; lo cierto es que, a la larga, los inversionistas siempre ganan... si aguantan las variaciones.
El pasado viernes 18, el presidente George W. Bush anunció un plan de reactivación económica, al admitir un crecimiento menor este ano. ""Hay sin duda el riesgo de una caída"", observó.
Bush actuó a pedido del sucesor de Greenspan, Ben Bernanke, sobre la urgencia de inyectar dinero para impulsar la economía. Las medidas consisten en devoluciones fiscales para alentar el consumo y el empleo, estimadas en 800 dólares por persona o en mil 600 por familia.
La medicina fue insuficiente. Poco influirán 140 mil millones de dólares en una economía de 14 mil billones; al menos Bush dará la impresión de que algo hace, en un ano electoral.
Atrás de este desplome está la pérdida financiera en las hipotecas, que demandaron apoyo de liquidez en la banca central mundial. El dilema no es menor.
En México, los efectos se sentirán de inmediato en la industria de la vivienda. La desaceleración de la economía estadounidense se traducirá en menos empleos para los trabajadores migratorios y en una reducción en las remesas desde aquella nación.
Es imposible tener un blindaje que resista los contratiempos en una economía con la que estamos tan vinculados. Estados Unidos es nuestro principal cliente, a pesar de la competencia de China, y nuestro mayor proveedor.
En su papel, el gobierno intenta dar tranquilidad al público y a los inversionistas minimizando posibles repercusiones, pero es difícil confiar en que todo estará bien dada la caída en picada de las bolsas mundiales.
Poco puede hacer el Ejecutivo ante este escenario, aunque deseable habría sido llegar a este punto tan anunciado por los economistas desde hace anos con una reforma energética y con una fiscal que logre más que sólo un aumento de 1% en la recaudación, insignificante pese a todo el esfuerzo político requerido para su elaboración.
Ahora sería tal vez el momento para que el Congreso de la Unión revise la situación de los bancos extranjeros que operan en México, con exorbitantes ganancias, sin paralelo en el resto del mundo, y consideren lo justo de tasar las utilidades de la bolsa, como en los países más prósperos. Esperemos propuestas así pronto, impensables hasta ahora para la Secretaría de Hacienda.
Deberá considerarse una eventual pérdida de empleos ante la baja de las exportaciones. Quizá en vez de dar paliativos ante esto deba dársele mayor importancia a la inversión pública.
El caso es no fiarse del pretendido blindaje y estar preparados ante cualquier escenario. (El Universal).
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