La Chuntá es mucho más que una fiesta

Se visten de mujer, con ropa tradicional para danzar al ritmo del tambor y carrizo. Samuel Meneses / CP
Se visten de mujer, con ropa tradicional para danzar al ritmo del tambor y carrizo. Samuel Meneses / CP

Con la llegada de enero, los chinchines, el tambor y el carrizo, vuelven a sonar en Chiapa de Corzo, es el llamado a la arrechura que congrega a chiapacorceños, chiapanecos y foráneos a vivir la Fiesta Grande, una de las festividades más populares y coloridas de Chiapas, tanto a nivel nacional como internacional.

Llegar cualquier día de esta celebración, es una experiencia única. Poder presenciar el anuncio de la Chuntá, de las chiapanecas, las tuxtlequitas, los Parachicos, ver los colores que rodean cada uno de esos recorridos por las calles e iglesias de ese pueblo mágico, ver a las personas que siguen las tradiciones con respeto, fe y alegría, es inolvidable.

Santos y creencias

Sin embargo, ser parte de esos momentos es verdaderamente memorable. Para cualquier persona, chiapaneca o no, católica o no, creyente o no, que tiene el respeto por esta celebración en honor a San Sebastián Mártir (santo patrono de Chiapa de Corzo), San Antonio Abad y el Señor de Esquipulas, es una experiencia única.

Uno de los elementos de esta fiesta que ha cobrado gran relevancia, es la salida de las Chuntá el 8 de enero y diferentes días de los 15 que dura toda la celebración. Esos hombres, en su mayoría, porque también salen muchas mujeres, se visten con faldas y blusas tradicionales para danzar al ritmo del tambor y carrizo.

Respeto

Cada año es motivo de sátira, fiesta e incluso burla por ciertas personas que no terminan de comprender el significado de esta tradición y quien la vive, debe hacerlo con respeto, sin importar religión o identidad sexual.

Vestimenta

La energía que genera esa fiesta, se puede sentir desde el momento en que alguien se coloca toda la indumentaria tradicional, que incluye blusa blanca bordada con listones, enagua amplia, falda floreada, un canasto adornado con banderitas en la cabeza, collares de ámbar o fantasía, aretes grandes, una sonaja o chinchin y un morral, todo para representar a las sirvientas que ayudaron a doña María de Angulo en la leyenda de la hambruna.

Ir por convicción hace olvidar el qué dirán, las posibles burlas de otras personas, y una vez que inicia el recorrido, inunda la alegría de todos los presentes, la energía que generan las personas que llegan, con respeto y fe, lo que hace que el cansancio sea en lo último que alguien piense.

Por momentos hay empujones y el tumulto, hace que queden apretados, pero es solo por momentos; gran parte del recorrido van bailando y gritando al unísono de “arrecha la que no grite”, “viva San Sebastián”, “viva la Chuntá”, “viva el gusto de nosotros muchachos”, “viva la mujer barbona”.

Entre las calles se observa a mucha gente, los que van acompañando el recorrido con amigos, quienes solo llegan a ver, tomar videos y fotos, los que van a la fiesta y cargan cervezas en mano. Pero eso es lo de menos. Ser parte de la Fiesta Grande y vivir en carne propia, deja una sensación casi inexplicable, ver que la mayoría va por convicción, fe, devoción, alegría y sobre todo respeto.