La ciencia y el genoma del maíz

"El maíz ha sido la base alimenticia y cultural de México. La relación de los mexicanos con la gramínea generó cosmogonías enteras, como la expresada en el Popol Vuh, explicación maya del origen de la vida, lo que nos une a ella, no sólo social o económicamente, sino espiritualmente. Que sobre o falte grano, que se cultive aquí o se tenga que importar, nos afecta como pueblo. Por cuidar su futuro, entender su esencia es proyectar la nuestra.

Científicos mexicanos concluyeron la secuenciación del genoma del maíz palomero, en el Laboratorio Nacional de Genómica para la Diversidad, en el Cinvestav, del Instituto Politécnico Nacional, en lo que es considerado el proyecto genómico más ambicioso a nivel mundial realizado alrededor del grano por una sola nación. Este avance permitirá en el mediano plazo mejorar la calidad genómica del maíz mexicano, para fortalecer a las otras especies, de tal manera que se podrán inducir variedades resistentes a las sequías y muy fértiles para la reproducción.

En un país donde la investigación científica ha quedado relegada a unos cuantos centros, en los que entusiasmo y tenacidad suplen la falta de presupuesto, el logro no es menor. En el mundo se abren posibilidades insospechadas del uso del maíz como energético además de alimento y debemos estar preparados para aprovecharlas, sin demérito de nuestra liga cultural con el grano.

Peor aún hemos dejado de ser autosuficientes en maíz y el hecho de importarlo de África o Centroamérica afrenta a los productores nacionales y, de nuevo, a una parte de la población que siente amenazada su identidad. Se puede comprar en los mercados internacionales, claro, y tal vez sea más ""económicamente racional"" hacerlo y sembrar aguacate y tomate, pero el argumento tecnócrata desconoce el peso de la historia. No todo tiene precio.

Además, la posibilidad de que en México se produzca etanol a base de maíz suena lejana, pero debe cuando menos analizarse su conveniencia.

Tenemos que entrar como país al debate de lo que queremos hacer con el maíz, porque es un hecho que sí necesitamos más producción para satisfacer nuestro consumo y alcanzar la autosuficiencia. También requerimos alternancia en los modelos de cultivo para sustituir a los tradicionales, que se están acabando la fertilidad de la tierra. El éxito en la secuenciación genómica del maíz debe servir de aliciente y acicate para que quienes tienen en sus manos apoyar la investigación vean que los científicos mexicanos tienen el nivel y la capacidad para hacer descubrimientos de talla mundial y superan estereotipos que dicen que la ciencia no es lo nuestro.

El gobierno, el sector académico y el privado no invierten en ciencia, que es distinto a que no se pueda hacer, y eso deviene en un despropósito que nos deja como nación muy lejos de las más avanzadas del planeta.

El pueblo del maíz no ha dejado de reverenciarlo. No es premoderno honrarlo al tiempo que en una apuesta a la postmodernidad se continúan investigaciones que no tienen nada qué ver con la mutación transgénica de la especie y sí en cambio con el mejoramiento agrícola y cultural de México. (El Universal).

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