"El pasado 19 de junio de este año, uno de tantos periodistas que tienen su centro de trabajo preponderantemente en la Ciudad de México, de la que por lo general no salen, no obstante que analizan todo tipo de situaciones que se generan en los más apartados rincones del país, levantó la pluma en defensa de Pablo Salazar. Este anciano columnista, en su encargo, además de alabar reiteradamente la trayectoria del ahora reo, incluyó pesados adjetivos para una ""prensa que vivía de los sobornos gubernamentales, que no eran magros"".
Espetado lo anterior aludió inmediatamente al ""director de Cuarto Poder, Conrado de la Torre"" (sic). No se tomó la molestia ni de averiguar el nombre del destinatario de la consigna.
El ingenio chiapaneco ha creado ciertas subcategorías para quienes pretenden interpretar a los chiapanecos desde el Altiplano. ""Chiapanecólogos"", les han endilgado. La camisa ha quedado a la medida de algunos, desde políticos ocurrentes y entrometidos como Ricardo Monreal que en el pasado lejano vino a proponer la división del territorio chiapaneco, hasta periodistas como este mismo que en 1995, cuando Chiapas vivía un episodio grave de secuela de guerra, intentó definir el término ""Chinchulín"", para lo cual se remitió al diccionario. El experimentado defeño no sabía que todo había surgido en un circo, por un payaso. Para ello debió haber venido a la tierra de la que hablaba, encarar y hablar con los chinchulines.
Sobre este mismo tema, en ese año hubo otro que se atrevió a escribir que aquéllos habían rentado ""como 50 avionetas para atacar a zapatistas"". Se le envió una carta para que informara en qué ciudad de Chiapas había una arrendadora con tal poderío. Se quedó callado.
Pero ahora, este periodista que se halla en los últimos años de su vida, tras alabar grotescamente un pretendido ""talento y activismo político"" del falsificador, no deja desperdicio en el encargo y se nos lanza al cuello sin detenerse a reflexionar sobre el daño que infligió su defendido a inocentes perseguidos, asesinados, estafados, encarcelados, obligados a convivir con lo peor de la sociedad dentro de un penal.
En vez de interiorizar en esto llegó al extremo de criticar el retiro de la escolta a Pablo. Todo el texto es confesión de parte, pues hasta defiende el ""derecho"" del interpelado de volver al Senado.
En fin, resulta que el periodista -muñeco de un ventrílocuo ahora preso- durante la administración pasada gozaba de un destacado espacio en el Sistema Chiapaneco de Radio y Televisión de Chiapas. Todos los días se le oía repetir sin análisis ni aporte alguno las noticias del día.
Así, las lisonjas para el presidiario y los denuestos para nosotros son sólo pesado pago de favores; eso será sólo y apenas eso, porque finalmente, el delincuente en la cárcel está, pésele a sus beneficiarios o a quien le pese.
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