øLa corrupción somos todosú

"El pensamiento mágico en el que caemos cada cierto tiempo los mexicanos nos llevó a creer que con la democracia electoral, a partir del año 2000, vendría una mejora automática en nuestro patrimonio, en la calidad de vida y en el sistema político. Fue una expectativa infantil porque a casi una década de distancia el país sigue conservando enormes parcelas de autoritarismo, una economía estancada y un sistema político cada vez más corrupto.

Así lo corroboran año con año todos los estudios en la materia, como el difundido ayer por Transparencia Internacional, organización que acusa a México de haber descendido 17 lugares en la clasificación que mide la percepción ciudadana de corrupción en 180 países. Una situación peor que la de Guatemala y El Salvador.

øA quién culpar por los avances de este virusú øA la sociedad mexicana y su culturaú øA las institucionesú øA los políticos y su ambición desmedidaú øAl panismo que tanto prometió enfrentar la corrupción vivida en los 70 años de presidencia priístaú øAl PRI por asegurarse bastiones regionales de impunidad en los que pareciera que el tiempo nunca pasóú øA los gobiernos perredistas incapaces de mostrarse mejoresú No hay forma de responder unívocamente.

Ahora sabemos que en el pasado la imposición autoritaria era capaz de poner límites a la corrupción, barreras que desaparecieron pero que no fueron sustituidas por herramientas de vigilancia y rendición de cuentas. Tal vez se debe a que los políticos creen en el lema con el que la picaresca popular caracterizó a José López Portillo: ""La corrupción somos todos"".

Se insiste en que los mexicanos en general padecemos de la enfermedad, cuando en realidad son las autoridades de todos los partidos políticos las que permiten su perpetuación en calidad de cómplices o simples espectadores. (El Universal)

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