"Alejandro Páez Varela * Cuarto Poder. El mes de la Patria, septiembre, llegará con torta bajo el brazo. Torta de alacranes. Se estima que entonces se nos informará lo de los nuevos impuestos y los aumentos en las tarifas y servicios, regalo del Presupuesto para 2010. También se nos confirmará que en el próximo periodo el país entrará en una burbuja inflacionaria que aunque Banco de México pretenda controlar, es parte de la dieta económica. El crecimiento de precios golpeará a todos aquellos que tienen empleo. Y así, la crisis que azota a esta gran Nación pegará por parejo, y no sólo a esos miles y miles que perdieron sus puestos de trabajo en los últimos pocos meses.
El ""catarrito"" que ahora es un ""shock financiero"" se extenderá, por supuesto, más allá de este septiembre. Si un ano después, es decir, si para los festejos del centenario y bicentenario la economía ha reencendido los motores, démonos por bien servidos. Lo que viene es todavía peor a lo vivido hasta hoy, por lógica simple: la crisis internacional llega a su fin, pero no la mexicana: todavía se extenderá unos meses y agarrará desgastadas a muchas empresas y familias. Ya cumplimos un ano en el tobogán. Y cada vez más atolondrados, seguiremos en él.
zCómo le hacemos los mexicanos para que las calamidades nos salgan tan bien? Quién sabe. Pocos países como el nuestro convirtió la crisis global en una contingencia económica para libros de texto. Caray. Y, bueno, lo demás que usted ya conoce. Que tuvimos petróleo; que ya se nos acabó y ni siquiera está claro en qué no lo gastamos o quién se lo quedó. Que metimos algo así como 171 mil millones de pesos al agro de 1994 a la fecha, y que justo allí, en el campo, arrinconamos a gran parte de nuestros 40 o 50 millones de pobres. Tantos ríos y tantos lagos; tanta lluvia y tantas bendiciones se han ido a la tiznada: el centro de México se quedó sin agua. Con esos litorales, con ese mar tan extenso, y ni siquiera desarrollamos una industria de pesca. Insisto: zcómo le hacemos para que nuestros retos se transformen en calamidades?
Lo asombroso ya ni siquiera es esa capacidad de transformación. Es, creo, cómo le hacemos para mantener el ánimo. Los frijoles y las tortillas deben ser antidepresivos naturales, de verdad. Se me ocurre pensar que nos conformamos con poquito para revivir la esperanza. Voy a decir una blasfemia, pero sean tolerantes conmigo, por favor: nos es suficiente un simple juego de futbol. La semana pasada llevamos a los gringos a nuestro altar de sacrificios y allí, en el símbolo Azteca, les cortamos la cabeza. Y qué felicidad. Qué fiesta, Dios mío. Todavía este sábado había celebraciones; ayer mismo seguía gran parte del país borracho. Y ni siquiera se amarró el pase al Mundial. Glorias más pírricas. Perdónenme.
Para terminar de ganarme el odio popular, voy a decir una blasfemia más: Pedro Infante no me cae tan bien. No me choca, pero tampoco me agradan sus personajes en desgracia permanente (coartada perfecta para que nos esforcemos en las calamidades). Sí he visto cien veces sus películas. Sí se me ha hecho nudo la garganta. Justo por eso no me agrada Pedro Infante (aunque cante). Sufridera pura. Predisposición a la derrota. Eso creo de San Pedrito, y no es que ande nada más en busca de culpables. Disculpe.
Fíjese usted qué paradoja: también creo que es mucho mejor que los mexicanos idolatremos nuestras desgracias, y hasta les agreguemos humor. Así nos permitimos salvarnos de la amargura. También nos alejamos de la resignación; no evadimos los problemas: los hacemos patentes sin formalizarlos. La mayor ventaja de adorar nuestra desgracia, sin embargo, es que no les permitimos a otros hacerlo. Sería terrible, porque le damos motivos a media humanidad. zCómo le hizo México para que en 2009 su economía sea una de las tres (?del mundo!) con el peor desempeno? Quién sabe. Y si queríamos un boquete en las finanzas del gobierno federal, con toda la mano: 300 mil millones de pesos, un 31.94% de las reservas internacionales que hemos acumulado con tanto esfuerzo.
zHabrá manera de explotar, por lo menos, nuestra virtud para convertir la emergencia con un bano tapado en el mismísimo hundimiento del Titanic? Ojalá. Nos haríamos ricos... y seguramente lo perderíamos todo en una sola apuesta de futbol.
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