A reunión cumbre que sostienen en Cancún los presidentes Vicente Fox, de México; George Bush, de Estados Unidos, y el primer ministro de Canadá, Stephen Harper, es una nueva oportunidad para que de veras se avance en la integración de los países de la zona norte del continente que, en el discurso, mantienen buenas relaciones entre sí, pero que a nivel operativo enfrenta muchos pendientes que enrarecen y bloquean esa posibilidad de trabajo conjunto.
Los grandes temas de la agenda regional parecen nunca tener fin, por lo que es necesario centrarlos de tiempo en tiempo, de tal manera que no se dispersen o se pospongan sus trabajos. Sólo el caso del comercio, por ejemplo, requiere de toda la atención de las tres naciones.
Socios en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, sin embargo existe la percepción de que no se le ha sacado todo el provecho y bondades que potencialmente puede ofrecer. Hay todavía resistencias proteccionistas que son contrarias al espíritu del acuerdo y retrasos en la agenda comercial, que acaban por perjudicar a la nación menos favorecida, que en este caso es México.
En particular, trabajadores y productores agrícolas mexicanos han denunciado a lo largo de estos 12 anos de tratado, injusticias comerciales que el TLC no puede resolver, como lo sucedido con el aguacate, el tomate o el atún, al grado de que hay una corriente de opinión en el país que considera que debe reabrirse la negociación de todo el acuerdo, para que sean revisado los grados de equidad en la negociación, según el grado de desarrollo económico de cada socio.
También ha quedado pospuesto el tema de cómo vamos a enfrentar, como región, los embates comerciales de naciones emergentes, en especial China, cuyo avance en el mundo es avasallador y, mal enfrentado, puede causar muchos estragos en industrias completas de cada país. No hay un mecanismo alterno al TLC que nos haga más fuertes.
En materia de seguridad, Estados Unidos es particularmente reiterativo en su insistencia para regularla, por la amenaza constante que se cierne sobre su territorio, en un momento en que se encuentra en guerra con otros países y, peor aún, con células terroristas ubicuas, capaces de aprovechar cualquier resquicio de seguridad para afectar a los estadounidenses.
La integración de los tres países en una alianza en pro de la seguridad continental es necesaria, pero siempre dentro de los límites del respeto a la soberanía de cada país. México debe coadyuvar a la seguridad de la zona y a asumir con realismo que nuestra vecindad con EU nos hace copartícipes de una geopolítica común, por lo que debemos estar preparados y, sobre todo, cuidar nuestra propia seguridad nacional.
Del tema de seguridad se desprende, asimismo, el de la migración, que para nuestro país es de la mayor prioridad y que enfrenta numerosos obstáculos en el vecino del norte. México debe ser enérgico al plantear que una frontera ordenada como la quiere EU, pasa por garantizar la vida de los trabajadores migratorios, su seguridad laboral y por el reconocimiento a su contribución en la economía estadounidense.
La integración regional debe reconocer también esta realidad y para eso sirven las cumbres como la de hoy, en la que si bien hay mandatarios, como el presidente Fox, que está a unos meses de concluir su gestión, se tienen que sentar las bases para negociaciones trilaterales de largo plazo, que sirvan a los pueblos y sean inmunes a los cambios de gobierno en cada uno de los tres países. (El Universal).











