Han pasado 86 años desde que su pueblo, Berriozábal, vio crecer a Aurora Morales Morales; su sabia abuela y su madre la educaron para que en cada palabra y puntada comprendiera que, a base de esfuerzo, la vida se va hilando y hasta el momento sigue tejiendo memoria y existencia.
En el barrio Candelaria encontramos a la octogenaria, una sabedora artesana de hamacas que guarda técnicas y conocimientos milenarios sobre este oficio, y que además mantiene viva el alma de su tierra natal con raíces zoques.
Aurora tuvo el don de unir y poner en práctica la herencia de sus ancestros por más de 65 años, aprendiendo de sus emociones, y aunque en algún momento se cuestionó cómo tejer su propia vida, afirma que siguió siempre hacia adelante.
Y aunque de vez en cuando la postración la ha acechado en su andar, la artesana no ha perdido la agilidad; la danza de sus dedos sólo se hizo más pausada pero no perdió la precisión, el estilo y finura que la distingue al sujetar las agujas y el enrolla-hilo.
En el proceso del tejido, la legendaria Aurora pareciera que está adentro del bastidor de madera que a su vez forma un marco y hace que la foto sea más bonita. Su preciada y valiosa pieza de arte comienza a tomar forma.
“Nací y crecí en el municipio de Berriozábal, humildemente donde la cruda tierra y el campo enseñan también a vivir, sin embargo nuestros antepasados ya habían dejado huella con la elaboración de hamacas artesanales de ixtle.
Este material también se utilizaba para realizar sombreros, morrales y petates”, recuerda Aurora.
A pesar de las marcas del tiempo, no olvida su herencia de mujer, pero comenta que quedan muy pocos artesanos longevos, “ya que muchos pasaron a mejor vida, otros lo siguen intentando pero el agotamiento es más fuerte”, y ella se esfuerza por mantener esta bella costumbre.
Al preguntarle sobre cuántos hamaqueros podrían haber en el municipio, la dama responde que no hay una cifra exacta, pero estima que de su generación unos 15 veteranos continúan “despiertos” y de los nuevos menestrales -entre hijos y nietos-, poco más de 200 en todo el pueblo.
“Antiguamente se realizaba el tejido en punto petatillo, una técnica para crear rombos y otra figuras; además el ixtle se utilizaba porque era un material resistente y natural extraído del maguey, pero luego la mayoría de las fincas dejaron de producir esta planta, ya no abundaba como antes, por eso muchos artesanos comenzamos a utilizar hilo de algodón y nylon”, dice.
Comenta que actualmente el kilo de hilo cuesta entre 30 y 50 pesos, dependiendo la calidad, y el precio de las hamacas varia según el tamaño ya que hay infantil, individual, doble, familiar y king size que soportan de 100 kg hasta los 500 kg y oscilan de 300 hasta los tres mil pesos.
“En un día se puede terminar una hamaca, a mi ya me lleva más tiempo”, ríe la menestral mientras nos enseña sin prisa de llegar a su placentero y apasionado oficio.
Para finalizar, platicamos sobre el tema del Covid donde la señora expresa su preocupación, ya que sabe de los riesgos que conlleva esa enfermedad y más en las personas de la tercera edad, sin embargo, no ha salido de su hogar y mantiene sus cuidados necesarios.
Aurora es muy creyente a sus imágenes católicas, en especial a San Sebastián Mártir, por lo que -afirma- no la han dejado de cuidar y aunque sus ojos ya denotan cansancio, no deja de cautivar con esa gran humildad.












