La violencia ilegítima y organizada ha alcanzado dimensiones inauditas para la sociedad y el Estado mexicano. La mayor parte de los comentarios adjudican su origen a la ineficacia de los órganos de seguridad del Estado, a la corrupción en las esferas de gobierno, principalmente en la procuración y la administración de justicia, y a la pequenez de los gobernantes para entender y actuar ante los problemas. Todo esto es verdad.
Pero el problema no termina ahí. Esa es la punta del iceberg. zPor qué la sociedad mexicana ha tolerado durante tanto tiempo esas lacras? Se dice rápidamente que los culpables fueron Zedillo y Fox, que dejaron crecer al narco y dieron rienda suelta a redes de corrupción.
No dudo de la integridad de este juicio, aunque las pruebas distan de ser precisas. Es verdad que en ambos periodos la Secretaría de la Función Pública jugó (como juega hoy) uno de sus peores desempenos. También es verdad que el Poder Ejecutivo de la Unión no da información certera del tamano de los problemas que socavan al estado mexicano. Tampoco el Poder Legislativo ha hecho su tarea, demostrando que no hay equivalencia entre democratización política y mejoría en la calidad de las leyes.
Si no fuera así, zpor qué siguen vigentes los pésimos códigos penales, por qué se ha retrocedido en materia de probidad policiaca, por qué el Ministerio Público no ha sido objeto de una reforma de fondo? zAcaso los legisladores tienen miedo o simplemente ignoran la realidad?
Si seguimos hacia abajo en la escala sociopolítica, observamos cómo se abren las puertas del infierno. zAcaso la mitad de la población que vive en la informalidad está compuesta de ciudadanos kantianos, observantes de la ley y las reglas elementales del civismo? zNo está organizado el comercio informal en grandes consorcios de los que sabemos muy poco pero que, cuando vemos los decomisos ocasionales, estamos ciertos de que se trata de grandes empresas ilegales que operan a través de redes ampliamente extendidas? zEs que el sector privado, que hoy se rasga las vestiduras y bien que lo haga por ser blanco del secuestro y la extorsión ha ayudado a construir un Estado liberal para reemplazar al Estado autoritario y corporativo que se dedicó a erosionar durante dos décadas?
Por desgracia, el problema de la descomposición del Estado político es también de la sociedad. Su larga duración ha emparejado a la sociedad hacia abajo, en la abyección. En más de una década, la clase política no ha podido contrarrestarla. De ese arraigo secular todos somos culpables. zCómo hacernos responsables a la hora del llanto y la desgracia? Sin duda será posible, aunque la salida no sea visible en ninguno de los bastiones de la clase dirigente. Los nubarrones que amenazan tormenta avisan que también es posible el despenadero. [email protected] * Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM











