Marco González * CP. Desde hace cuando menos dos años la gente de la Sierra empezó a observar unos capullos en algunos árboles, como si se tratara de unas mariposas gigantes.
Al poco tiempo los árboles empezaron a amarillarse y a secarse poco a poco. Pasaron meses antes que se determinara que se trataba del defoliador del encino. Una plaga, además de los talamontes.
Anteriormente, cuando menos una década atrás se presentó en la Sierra Madre en los municipios de Motozintla, Siltepec, El Porvenir, La Grandeza entre otros, la plaga del decortezador de los pinos. Por aquella época se advirtió que de no sanearse el bosque éste provocaría sed entre los habitantes de la región. Los técnicos y los políticos socarronamente sonrieron ante tal advertencia. Ahora muchos padecen la escasez del vital líquido.
En la actualidad, cuando menos unas 80 comunidades de los municipios de la Sierra Madre y su cabecera regional sufren el desabasto del agua.
En tanto los capullos del defoliador del encino y el gusano descortezador de los pinos avanza, no tan rápido como las motosierras de los talamontes que dejan con escasa cobertura vegetal los cerros que al menor sismo o aguacero fuerte se desgajan. Nadie está a salvo.
Oficialmente el caso de la plaga del defoliador del encino está localizada en 10 hectáreas de los ejidos Tolimán y Villahermosa, señala un reporte informativo del ingeniero Oscar Alonzo Aceituno Zunún, director agropecuario del Ayuntamiento de Motozintla.
Por ello, el edil, añade el documento, solicitó la intervención de Comisión Forestal Sustentable (Cofosech).
Así también se indica que en enero de este año el Ayuntamiento mochó, solicitó la intervención a la Cofosech para controlar la plaga del descortezador de pino en el ejido Tolimán y Buenos Aires donde se presenta una afectación en 12 hectáreas.
La forma que encontraron de acabar con esta plaga fue tirar los árboles contaminados con el gusano, eliminar la corteza y la aplicación de insecticida y permitir a los ejidatarios la utilización de la madera. Esto fue supervisado por Yucundo A. Coutiño Estrada director de Protección Forestal de la Cofosech.
Versión encontrada
Para el doctor Isidro Marroquín, especialista en agroecología de la Universidad Nacional Autónoma de México, los bosques plagados con el descortezador del pino, necesariamente deben arrancarse desde la raíz para evitar que la plaga se pase a los árboles cercanos.
El asunto, dijo, no es tan sencillo y desde la fotografía aérea se puede detectar que la superficie afectada en la Región Sierra de Chiapas es mucho mayor. No es un problema menor. Desde hace cuando menos unos 15 fue detectado este problema de sanidad de la floresta.
Desde finales de la década de los ochentas, se advirtió que los bosques de la Sierra Madre de Chiapas sufrían los embates de la deforestación acelerada clandestina, además de una serie de enfermedades propias de los primeros síntomas del cambio climático, señaló el especialista chiapaneco.
Nadie quiso escuchar las advertencias sobre las plagas que empezaron a enfermar los pinos de muchos municipios de esa parte de la Frontera Sur. Algunos científicos señalaron que era un problema hasta de seguridad nacional, pero todos dijeron que no era prioritario. Después, añadió Marroquín, llegaron los impactos de 1998 y del 2005 y se habló de sanear y reforestar la Sierra Madre de Chiapas, que es de donde proviene el agua para el consumo humano de más de la mitad de los chiapanecos, es decir más de dos millones doscientas mil personas y hasta ahora se empiezan a derribar algunos árboles plagados, cuando la mancha ya creció y seguirá creciendo.
Sin voluntad política difícilmente se podrá tener una buena estrategia de salud para los bosques, selvas y manglares de Chiapas, que son a decir de expertos en esta materia, uno de los más importantes de todo el mundo, no solamente de nuestro hemisferio. Y sin embargo, la destrucción silenciosa de la ecología chiapaneca es un hecho. Los pinos y los encinos, dice con sarcasmo y parafraseando el doctor Marroquín, mueren de pie.
En tanto se busca combatir una pequeña superficie en algunos ejidos de la Sierra, en el resto de la zona, lenta pero inexorablemente se enferma el bosque para poder aserrar la madera con permiso de la autoridad, aunque para otros es una muestra de la apatía y de la indolencia a pesar de la sed que ya padecen miles durante el estiaje.











