"Los comicios estatales en Yucatán -los primeros después de las elecciones del 2 de julio de 2006- parece que irán, por sus apretados resultados, hasta una controversia postelectoral cuya rispidez dependerá de la madurez de los partidos políticos involucrados en la contienda. Hasta ayer en la noche las encuestas de salida no permitían dar un ganador en la pugna por la gubernatura.
A juzgar por la ruda campana que realizaron los candidatos y los duros epítetos que se lanzaron mutuamente anoche, los tiempos por venir no se anticipan venturosos para esa entidad. No obstante, se abre la esperanza de que sea cual fuere el método para declarar el nuevo gobernador de la entidad, éste llegue con la suficiente legitimidad para asumir su cargo.
Yucatán es un bastión importante para quien lo gobierne. Su llamada ""casta política"" se traspasó a sí misma por mucho tiempo el poder, literalmente, de generación en generación, con caudillos más o menos visibles adscritos al PRI, siendo el último Víctor Cervera Pacheco, quien estableció un cacicazgo casi sin fisuras, hasta que los tiempos de la democracia en el país fracturaron su monolitismo y los panistas llegaron al poder de la mano del actual gobernador, Patricio Patrón Laviada.
Para el presidente Calderón, distanciado del líder de su partido, Manuel Espino, el triunfo del PAN le allegaría un gobernador afín, pues el candidato Xavier Abreu estuvo también ligado al distinguido yucateco Carlos Castillo Peraza.
Para el PRI, la victoria sería la senal de una recuperación vivificante. No sería la primera vez que los priístas desplazan al PAN del gobierno de un estado. Ya ocurrió en Chihuahua y Nuevo León.
Por el momento, la hegemonía de algún partido no es clara, como lo revela la jornada electoral de ayer. Será importante echar a andar los mecanismos de solución de controversias con transparencia para que no haya duda del resultado.
Sobre todo será vital comprobar que no hubo, en ninguna parte del proceso, intervención de los gobiernos estatal y federal, como ha sido reiteradamente denunciado por los partidos locales de oposición. El presidente Calderón tuvo que comprometerse a no intervenir en las elecciones yucatecas, en una declaración que en cualquier país de cultura democrática hubiese resultado insólita, pero no aquí, con una notable tradición de imposición federal de gobernadores.
Aun así, no deja de ser descorazonador que tras la experiencia de los comicios federales, los partidos no hayan aprendido a conducirse de modo institucional, responsable y serio. PAN y PRI se embarcan en una batalla de descalificaciones en la que ninguno parece dispuesto a aceptar una derrota igualmente válida así sea por un voto que por cien mil.
No nos espante la intervención del Tribunal Electoral, que finalmente es un organismo democrático más. Lo preocupante es que los partidos no tengan la madurez para terminar allí su debate sin extenderlo hacia ámbitos que trasciendan lo electoral, o incluso el ámbito local, como el trabajo del Congreso de la Unión, donde PRI y PAN han concretado acciones conjuntas.
Urge mesura y responsabilidad política de parte de los actores políticos yucatecos, para que las diferencias no se salgan de cauce y acaben empantanando al país en temas como la reforma del Estado y la reforma fiscal. (El Universal)
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