La disyuntiva

"Francisco Valdés Ugalde * SUN. Antes de la elección de 2000, prevalecía la incredulidad en el posible triunfo de un candidato distinto al del PRI. Había que conseguir la prueba de los hechos. Lograda ésta, hoy pasa algo distinto, la gran mayoría de los ciudadanos sabe que el voto de la mayoría determinará el resultado electoral y nadie sabe quién va a ganar. A partir de la alternancia se alcanzó la certeza de que los gobernantes preferidos son electos por la mayoría. De ahí que hoy la preocupación central es decidir por un partido, programa y candidato, más que por hacer realidad la remoción de un partido enquistado en el poder durante el largo periodo autoritario.

Por eso la nota dominante en los días previos a la elección es decidir por quién votar. Qué proyecto se prefiere, por cuál opción se inclina cada quien en vista de que el empate técnico entre los dos punteros hace imperioso decidir cuál de ellos queremos que gobierne, a partir de lo que sabemos de sus propuestas, antecedentes y equipos. Si es verdad lo que indican las encuestas, a saber, que el 68 % de los electores se inclina en partes iguales por los dos candidatos ""punteros"", Felipe Calderón y López Obrador, es válido conjeturar que entre ellos está el triunfador. Claro, puede haber sorpresas, pero podemos tomar esta base para valorar el debate del martes pasado.

La presencia de López Obrador permitió esta vez tener un panorama completo de las ofertas. Considerando el poder de la televisión, a la que muchos tienen por ganadora invisible del debate, pudimos observar rasgos de personalidad, algunas de sus ideas principales y estilos de conducción frente a sus contendientes y ante el público. Dado el formato, la cantidad de participantes y el tiempo disponible, aún abundan las preguntas sin respuesta que, típicamente, permanecerán abiertas por efecto del gran componente mercadotécnico de las campanas.

La composición de las preferencias y las propuestas de los candidatos presentan al país una disyuntiva de envergadura considerable. La propuesta de Andrés Manuel está centrada en la idea de que ""por el bien de todos, primero los pobres"". No hay duda de que es un gran lema de campana. No hay deuda más lacerante que la que tiene el país con esa parte de la población que vive en condiciones de precariedad en un contexto de enorme desigualdad. Este es el mayor problema social de nuestra época.

Calderón pone por delante dos problemas también centrales en la actualidad nacional. Por una parte, la ausencia de estado de derecho, el incumplimiento constante de la ley que estimula la corrupción y la componenda política y social al margen de las estructuras jurídicas formales. Por la otra, senala la carencia de empleos como el problema económico y social más relevante. De ahí que la matriz de su propuesta sea el imperio de la ley y el fomento de la inversión para generar empleos. López Obrador propone que el camino es un ""proyecto alternativo de nación"" que cambie las prioridades de la política económica y amplíe el papel del Estado en la economía para lo que convocaría, de ser presidente, al establecimiento de un ""nuevo pacto social"". Calderón senala que debemos continuar el perfeccionamiento de la democracia con un ""gobierno efectivo"" y la construcción de una economía que pueda competir en el contexto de la globalización económica.

Al delinear los pormenores de su propuesta, cada candidato se asió a sus ideas rectoras y las extendió a cada uno de los bloques temáticos abordados. No es necesario describir cada propuesta. Quizá valga solamente anadir que en términos de compromisos, medidas y políticas concretas Calderón fue más esmerado, mientras que López Obrador reiteró lo dicho en otras ocasiones y planteó más bien líneas generales y políticas por definir a partir de una futura consulta a la ""sociedad civil"".

Suponiendo que la oferta de los candidatos fuera viable a la hora de tomar las riendas del gobierno, la gran disyuntiva que se nos plantea es si habremos de seguir por la ruta económica y política cuyas bases se han establecido en las últimas dos décadas o las cambiaremos sustancialmente para constituir un ""pacto social"" distinto. El juicio de los electores dará el veredicto final.

Llevados al límite de la diferencia entre los punteros, la distinción más singular es la propuesta de Felipe Calderón de un gobierno de coalición en que participen las fuerzas políticas decisivas en una Legislatura que difícilmente contará con la mayoría absoluta de un partido. En un gobierno de coalición, la decisión política de los electores como la que hoy prevalece estaría mejor representada y podrían buscarse los caminos para el acuerdo y la negociación política entre opciones que se presentan como polares pero que a la hora del aterrizaje en políticas públicas concretas pueden no serlo tanto.

Gobernar pluralmente dentro del mismo entorno constitucional, inclusive para modificarlo como es imperioso, puede ser la opción apropiada, precisamente porque abre el camino para construir los compromisos entre los componentes de un México diverso que se ha quedado atorado por la ausencia de liderazgo y voluntad para lograrlos. La distribución de la pluralidad política en torno a los rumbos que debe seguir el país se resiste a la unipolaridad. La terca realidad ha mostrado una y otra vez la necesidad de dirimir las diferencias en la construcción de compromisos y no en la eliminación de la razón adversaria.

Esta alternativa podría dar lugar a que más que inclinarnos ante una disyuntiva, radical sólo en apariencia, iniciáramos el camino de la construcción del nuevo pacto en el que tengan cabida todos los proyectos legítimos. [email protected] * Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM







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