La encrucijada de los partidos

Los partidos políticos mexicanos tienen que mostrarse a la altura de la oportunidad histórica ante la cual se hallan. Como nunca, son independientes, poderosos y ricos, pero se enfrascan en disputas intestinas que los desgastan, y desatienden temas tan importantes como el cuerpo legal en materia de seguridad, impuestos, energía, trabajo, educación, salud y economía; justo ahora que cogobiernan desde el Congreso paradójicamente se desgarran en luchas intestinas.

En el Partido Acción Nacional, que tiene en sus manos la Presidencia de la República, Manuel Espino estorba una visita de Estado con más éxito que si fuera una fuerza de oposición, comprometiendo al presidente Felipe Calderón Hinojosa con la poco diplomática condición de que sus colores partidistas se involucran en criticar un delicado asunto de política interna, justo en el momento en el que él busca dar forma inicial a su gobierno en el escenario internacional.

En el Partido Revolucionario Institucional se profundiza la muy postergada contienda por su dirigencia nacional.

En otras circunstancias, ante una derrota como la de las elecciones de julio de 2006, renuncias de la dirigencia hubieran sido automáticas; no lo fueron. Hasta ahora se están planteando el importante reto de rescatar la viabilidad de un partido que aún habiendo descendido al tercer lugar en la Cámara de Diputados y al segundo en la de Senadores, gobierna en 17 estados de la República.

No es pequeno el espacio de poder en disputa. Cuatro de los cinco aspirantes a dirigir el PRI se unen para denunciar lo que califican como excesos en el gasto publicitario de Enrique Jackson.

Es evidente tanto para la sociedad como para los propios políticos que el tema del financiamiento es uno de los mayores retos y que debe revisarse tanto el origen como el destino de los dineros.

México optó por un financiamiento mixto en el cual tanto el Estado como los particulares invierten en el proceso de construcción democrática. La flexibilidad del modelo permite acomodar el interés colectivo porque los institutos políticos logran presentar su oferta ideológica de manera que pueda ser conocida ampliamente, sin embargo, en un país con carencias como las que tiene el nuestro, las cifras manejadas por los partidos políticos resultan cuando menos cuestionables.

En el Partido de la Revolución Democrática las pugnas internas crujen durante el debate por quién será el orador principal en una marcha al zócalo que no es suya, para la cual, sin embargo, tienen todo listo con el fin de montarse tardíamente en la protesta popular contra la carestía.

Lo que deja ver este panorama en todos los institutos políticos es que hace falta un verdadero ejercicio de reflexión sobre la trascendencia de los partidos en México. Sus vidas internas carecen de mecanismos para alejarse de las luchas facciosas, peor aún de los personalismos.

Pareciera que hay que rescatar a la política de los políticos, y sin embargo, sin ellos no hay viabilidad republicana en la atonía, no avanzaremos en el manifiesto deseo ciudadano de vivir en democracia. (El Universal)