La engañosa publicidad

"Poco a poco, en México la transparencia se ha vuelto un valor que permea al conjunto del espacio público. Esta evolución cultural comenzó por la exigencia social de rendición de cuentas hacia la autoridad, la que muy lentamente -y no sin resistencias- ha instrumentado mecanismos de apertura que hoy dan importantes resultados en acceso a la información.

Lo más interesante es que de ahí se ha pasado, de manera casi natural, al terreno de la oferta de bienes y servicios por parte del sector privado. Ahora la gente exige saber a detalle -entre otros ejemplos- qué ingredientes contienen los alimentos adquiridos, cuáles son las condiciones de compra de un aparato electrodoméstico, un auto, una casa o el desglose exacto de un servicio contratado.

Este síntoma de madurez social es ya inconfundible: el consumidor mexicano no tolera más verse engañado. Cada vez con mayor énfasis exige que la publicidad alrededor de un producto o un servicio corresponda con la realidad.

La época del individuo pasivo que recibía del gobierno y del sector privado cualquier cosa que se le entregara, sin objetar ni protestar la mala calidad, ha terminado. Esto es necesariamente bueno. Al obligar al mercado a ser más transparente y honesto, la ciudadanía terminará por elevar el valor del mismo, haciéndole más competitivo.

En este contexto, no es casual que recientemente se haya aprobado la iniciativa ciudadana de las acciones colectivas. Esto fue el producto del empuje de organizaciones civiles que, adaptando modelos extranjeros a la realidad nacional, propusieron un mecanismo de protección a los consumidores garantizado por la ley.

Tan relevante se ha vuelto este tema, que incluso la Procuraduría Federal del Consumidor -que durante años ha dormido el sueño de los justos y colocado su cabeza en la cómoda almohada de nuestros impuestos- despertó y anunció un paquete de sanciones a grandes y conocidas empresas privadas, bajo la acusación de haberse excedido en lo que el propio organismo calificó de publicidad ""engañosa"".

Este hecho no puede pasar desapercibido. No sólo la Profeco está de vuelta, como en sus mejores años de la década de los 70, sino que el consumidor tiene ahora más herramientas para asegurarse una calidad de vida que antes no tenía.

La transparencia en el mercado de los bienes y los servicios es justo la otra cara de la publicidad engañosa. Información y más información es lo que necesitamos los consumidores para elegir racionalmente y con ello, procurarnos una situación donde las ventajas de nuestra comunidad no se concentren en las manos de unos cuantos.

(El Universal)

"