El virus de la influenza AH1N1 y la emergencia sanitaria decretada para contenerlo pusieron de manifiesto varias de las debilidades del sistema de salud y, con ellas, fallas del Estado de la mayor importancia.
A medida que se hace más evidente la trascendencia de las instituciones en la gobernanza de cualquier sociedad compleja contra el simplismo del fundamentalismo de mercado, se hace también apremiante la conceptualización del problema: zqué Estado y qué tipo de acciones del mismo se requieren? Obviamente, los intentos de respuesta llenarán libros y revistas especializadas en los anos por venir.
En lo más inmediato, el brote de influenza ha mostrado un sistema de salud muy desigual. Por una parte contamos con excelentes hospitales de especialidades que son considerados de punta en la medicina internacional; algunos incluso pioneros en la apertura de fronteras de investigación. Pero por otra, a medida que se desciende en la escala social y se sale de los centros urbanos más importantes, la capacidad de atención y prevención se va diluyendo y los servicios disponibles para la población son escasos y deficientes. Las historias de gente que la prensa ha revelado dan vergüenza. En ellas se percibe atención médica descuidada y negligente, burocratización, escasez de recursos técnicos y humanos, desintegración o ausencia de sistemas de información, desconexión entre los diferentes niveles de organización del sistema de salud pública, en municipios, estados y Federación, así como entre entidades con administraciones diferenciadas como el ISSSTE y el IMSS.
Afortunadamente, las autoridades federales consiguieron coordinar acciones para recabar la mayor información posible y decretar la emergencia sanitaria que suspendió actividades a todos los niveles y redujo las probabilidades de contagio. No obstante, el mismo hecho evidenció la incapacidad para la prevención que resulta de, entre otros, los problemas antes senalados.
zCuántas de estas incapacidades derivan de la abstrusa reducción, por más de dos décadas, de los presupuestos para atender la salud pública, o de la reducción de la capacidad de atención, prevención e investigación de los servicios públicos de salud por los recortes en salud, educación e investigación? A lo largo de esas dos décadas se ha visto cómo un sistema de salud pública que en el pasado fue impulsado hasta convertirse en un ejemplo sobresaliente a nivel internacional se ha convertido en un abanico de instituciones menesterosas y desintegradas.
Esta carencia denota una falla de Estado. A pesar de la retórica oficialista de cada gobierno en turno no se ha establecido con claridad, liderazgo y lucidez una jerarquía de prioridades en la materia. Éstas han quedado a merced de los gustos, caprichos o preferencias de funcionarios y burócratas para ampliar o recortar, para favorecer o castigar. A ello se suma la desintegración nacional del sistema sanitario que, en los distintos órdenes de gobierno, se pierde en las grillas que acaban por abatirlo.
La amenaza de pandemia ha dejado un mensaje muy claro: o se construye un sistema de salud pública moderno e integrado, de cobertura amplia, o quedamos a merced de amenazas que aumentarán su frecuencia con el tiempo.
zDónde está la visión lúcida y generosa que se atreva a poner en el tope de las prioridades la salud de los mexicanos como ingrediente indispensable del bienestar?
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* Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM











