"Sandra Ávila Beltrán truena desde su sitial en el reclusorio y asegura: ""Los afis me dan risa"" y ""no tienen pruebas"".
En lo que bien podría considerarse una estrategia de medios que no parece del todo bien concebida, la llamada Reina del Pacífico se presentó ante el reportero no sólo bien vestida, sino con un séquito y visibles muestras de deferencia del resto de los reos y aún del personal de una prisión donde, por cierto, parece haber serios problemas de violencia y agio.
No negó relaciones personales con presuntos narcotraficantes, pero sí rechazó participación en los cargos que se le hacen. Afirmó además que no es delito haber recibido obsequios de sus parejas y que el apodo de La Reina del Pacífico es una invención de las autoridades.
Tal vez no sea más que una estrategia para presentarse ante la opinión pública de un país tan acostumbrado a errores y abusos gubernamentales que da creencia a las afirmaciones en ese sentido.
De hecho, tal como ocurre ya en Estados Unidos, parecería que la idea fue poner su juicio bajo luz pública quizá con la meta de ganar el respaldo de un país acostumbrado a narcocorridos.
Lo cierto es que una fuente tan prestigiosa como el finado periodista Jesús Blancornelas aseguraba en 2004 que ""Sandra no era poderosa. Si hubiera sido no se atreven a secuestrarle a su hijo único"".
Pero también es cierto que el gobierno liga a su familia con el narco desde hace tres generaciones. Ella misma es acusada de participar en un envío ilegal de dinero, aunque lo niega y dice que el cargo no sobrevivió a su presentación al juez.
De creer a Ávila Beltrán el gobierno exagera la importancia de su captura y de su propia importancia, aunque las diferencias de que parece disfrutar en un penal con tantos problemas como el de Santa Martha Acatitla senalan que por lo menos tiene los recursos para hacerse respetar.
Ana Guevara: el problema de fondo
Si Ana Guevara se sirvió de un tema tan delicado como la corrupción en el deporte mexicano para conseguir un puesto en el gobierno, eso no implica que su destacada trayectoria tenga por qué perder siquiera un ápice de gloria ni que la problemática denunciada por ella deba quedar en el olvido.
El uso discrecional del presupuesto de las federaciones por parte de sus directivos es un tema de fondo cuya solución ha esperado anos, como lo evidencian los constantes fracasos de los deportistas mexicanos en competencias internacionales.
De hecho hubo necesidad de un gesto dramático como el protagonizado por Guevara, la más destacada atleta mexicana en décadas, para exponerlo otra vez en toda su crudeza.
Ahora vemos que el atropellamiento a los derechos ajenos y la opacidad en el manejo de recursos del Estado -sin castigo de por medio- trascienden al ámbito de la política. Es así que escándalos y fracasos como los de Jorge Toussaint, ex presidente de la Federación Mexicana de Básquetbol el sexenio pasado, no parecen suficientes para controlar la fuga de dinero público.
Si bien las federaciones son asociaciones civiles sin obligación de rendir cuentas a la sociedad, éstas en particular son mantenidas con recursos de los contribuyentes y, por tanto, no basta con que la Conade nos diga cuánto les dio en total a cada una, sino también cómo fue su gasto y cuáles fueron sus frutos.
La salida de Sergio Lara de la federación de atletismo es tardía y sólo ocurrió después de la denuncia de Ana Guevara. Ahora la Conade debe dar explicaciones sobre cómo espera corregir ese problema, así como más transparencia al gasto y los resultados de lo que México invierte en su deporte. (El Universal)
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