La flor de cempasúchil, que su nombre proviene del náhuatl (cempoalxóchitl), y que es conocida en el país como la flor de los 20 pétalos, sirve en esta temporada principalmente para adornar los altares y las tumbas de los panteones dentro del marco del Día de Muertos que se celebra cada 2 de noviembre, una tradición que persiste y el uso de ésta sirve “para guiar el camino de los fieles difuntos”.
Producción
En Chiapas, unos de los lugares donde abunda la producción es en las colonias de Chiapa de Corzo, sobre todo las que se encuentran al margen del río; una de ellas es América Libre, enclavada a 20 minutos de la capital del estado, donde por hectárea se obtienen un promedio de 12 mil flores de “Nolibé” o “Nulibé”, como es conocida en la región.
“Al menos yo tengo un cuarto de hectárea y recogemos por lo regular 3 mil flores en la temporada”, señaló don Fernando Vázquez Gómez, pequeño productor de este municipio. Junto a su madre, doña Estela Vázquez, expresó que la planta la siembran dentro de los meses de julio y agosto en su traspatio, luego de dos meses, se ven brotar las plantitas y de ahí esperan tres días más para poder trasplantar a su pequeña parcela para posteriormente cosecharlas en estas fechas.
A orilla de carretera, en donde mantienen un puesto de venta, explicó que para el Día de Muertos no solamente esta flor es demanda, también existe la “Flor de Seda”, que sirve también para adornar las ofrendas para los muertos. “Un ramo de 20 flores la damos en 10 pesos, pero los paisanos vienen a comprar por mayoreo y ellos lo llegan a vender a los mercados y panteones hasta en 30 pesos”, sostuvo.
De esta manera, el productor externó que la producción también se da en localidades de Chiapa de Corzo, tales como: Salvador Urbina,Vergel, Amatal, Cupasmí y Narciso Mendoza, por mencionar algunos. Indicó que la semilla viene siendo la misma flor, ésta se seca y se recolectan las más grandes para almacenarlas y cuando llega de nuevo la temporada se vuelve a sembrar para cosecharla en el siguiente año. Existe el macho y la hembra, ésta última es la que se comercializa, el macho, simplemente se tira.
Leyenda
La flor de cempasúchil también es conocida como tagete, clavel chino o clavelón de la India, y su origen se remonta a una leyenda: la de Xóchitl y Huitzilin, quienes se juraron amor eterno. Se cuenta que todas las tardes subían a la montaña dedicada a Tonatiuh, el dios azteca del Sol y en cada visita colocaban una ofrenda con ramos de flores amarillas y naranjas, los colores característicos de éstas.
Tras la guerra, Xóchitl recibió la noticia de que su compañero había muerto. Hundida en un profundo dolor, pidió al dios Tonatiuh que la librara de su sufrimiento y la reuniera con su amado. El dios del sol, agradecido por las ofrendas que los jóvenes llevaban a su montaña, decidió cumplir la petición: dejó que sus rayos cayeran sobre Xóchitl, en el momento en que su piel se iluminó, la chica se transformó en una flor de color amarillo intenso, como la luz del mismo sol.
Minutos después, un colibrí se posó en el centro de la flor. La historia dice que era la reencarnación de Huitzilin, por lo que, al hacer contacto con la planta, ésta abrió sus 20 pétalos liberando un aroma intenso. Siguiendo la orden de Tonatiuh, el amor de los dos jóvenes aztecas permanecerá mientras haya colibríes y flores de cempasúchil.












