La flor sagrada de Chiapas en el nacimiento del Niño Dios

La flor sagrada de Chiapas en el nacimiento del Niño Dios

El tambor y el carrizo sonaban en la capilla del Niño Florero, mientras los cuetes se escuchaban cada vez más cerca, anunciando la llegada de los floreros a una ranchería muy cerca de la ciudad colonial de Chiapa de Corzo.

El pasado 14 de diciembre, más de 500 hombres partieron de este municipio rumbo a los Altos de Chiapas para cumplir con la tradición de ir por niluyarilo, la flor sagrada. A sus inicios, los floreros iban por agradecimiento por las cosechas del año, pues eran campesinos en su mayoría.

En la actualidad, el grupo está integrado por niños, jóvenes y adultos. Hombres por lo general. Realizan promesas al Niño Florero, otros lo hacen por devoción, pues consideran que es muy milagroso. Durante los siete días de camino, las imágenes del Niño Florero y el Niño Ángel también los acompañan.

Inicia la travesía, caminan un día entero hasta llegar a la hacienda Rodeo, habitada por una comunidad zoque tras la explosión del volcán Chichonal en 1982. Ahí pernoctan, para partir al día siguiente rumbo a Multajó, municipio de Ixtapa.

En Multajó interrumpen el viaje a pie y toman camiones que los llevan a Mitzitón, una localidad de San Cristóbal de Las Casas, donde comienzan a cortar esta flor (niluyarilo) perteneciente a la familia de las bromelias, que crece en los robles.

El 16 y 17 de diciembre son días destinados a recolectar el niluyarilo que se desune de los troncos de los árboles con un gancho. Cada hombre trae entre cinco y seis docenas, a la carga de 12 docenas se le llama gruesa.

Llegado el 18 de diciembre se trasladan con la flor a cuestas al Cerro de las Cruces, en Navenchauc, municipio de Zinacantán, donde realizan cantos y rezos. “Ese cerro es un volcán y cuando llegamos a rezar ya estamos listos para regresar a casa”, cuenta el patrón de esta romería, Tomás Nigenda.

Tras el rezo en Navenchauc, realizan la velada de la flor sagrada con café, tamales y música. Al día siguiente toman el camino a casa. La noche del 20 de diciembre, familiares de los floreros los topan y realizan nuevamente la velada de la flor.

A las 7 de la mañana del 21 de diciembre, en la capilla del Niño Florero, cientos de feligreses esperaban la llegada de los más de 500 hombres que fueron por la flor sagrada a la montaña. Los reciben con un caldo de gallina de rancho y la música tradicional de Chiapa de Corzo, de tambor y el carrizo.

La familia Hernández ha sido fiel a esta celebración por más de 50 años. La matriarca de esta estirpe asegura que antes los floreros llevaban alimentos para realizar trueque en las comunidades donde descansaban, pero eso ya no existe.

“Han participado muchos miembros de mi familia. Nosotros lo hacemos por devoción y mucho agradecimiento al Niño Florero y al Niño Ángel”, cuenta.

A mediodía del mismo 21 de diciembre, los floreros rezan y son chicoteados con un fuete por el patrón, como parte de una limpia y relajamiento del cuerpo.

Posteriormente vuelven a ponerse el mecapal con las docenas de niluyarilo en la espalda, para llevarlas a su destino final, la parroquia El Calvario, en Chiapa de Corzo, donde el 23 de diciembre realizarán el nacimiento al Niño Dios, previo a la llegada de la Navidad.

Para Tomás Nigenda, patrón de los floreros por casi 25 años —previamente entrevistado–, nadie sabe cuándo inició la tradición, “pero sabemos que se hizo católica por la Conquista. Antes a los lugares donde llegamos, se acudía para disciplinar a los muchachos, era parte de una iniciación a la adultez”.

Antes participaron 60 personas, un año antes de la pandemia fueron alrededor de 500 y hace poco autorizaron que pudieran ir niños, pero mujeres no, pues no es bien visto que pasen siete días en la montaña junto con cientos de hombres. Según los líderes, lo hacen por seguridad.