La hipocresía de las armas

Las armas que utiliza el narcotráfico provienen en más de 90 por ciento de Estados Unidos. Se trata de un problema reconocido por las propias autoridades de aquel país y que el gobierno federal mexicano no pierde oportunidad de recordárselo. Es uno de los argumentos más sólidos sobre la responsabilidad compartida entre ambas naciones en el tema del crimen organizado. Sin embargo, sería una simplificación decir que en México proliferan las armas sólo porque es fácil comprarlas más allá de la frontera. No hemos puesto atención suficiente sobre lo sencillo que es introducirlas, portarlas e incluso registrarlas aquí, en suelo mexicano.

Ninguno de los dos países ha hecho lo necesario para revertir el abastecimiento armado de los cárteles de la droga. De acuerdo con el Departamento de Estado, lo único realizado por la nación vecina ha sido: lanzar una versión en español del programa eTrace, un sistema en Internet que permite rastrear armas que, se sabe, se originaron en Estados Unidos; entregar al gobierno mexicano cuatro sistemas de identificación balística; capacitar a policías en el manejo de perros, y patrocinar tres conferencias bilaterales sobre el tema.

Estos acuerdos -derivados de la última visita de funcionarios de seguridad estadounidenses a México- no atacan la raíz del problema. No restringen la venta de armas de asalto en la zona fronteriza con México, ni limitan su importación desde otros continentes, lo cual, según la Cámara de Representantes, contribuye más aún a las compras de la delincuencia organizada.

A este desolador panorama se suma la enorme facilidad con la que cualquier persona puede adquirir un arma en México. Basta con ir al mercado negro, comprar una pistola, y después registrarla ante la Secretaría de la Defensa Nacional, sin necesidad siquiera de comprobar el pago lícito del artefacto. Incluso es posible hacerse de un arma en las propias oficinas de la Sedena.

Entrevistado hace un mes por la cadena de televisión CNN, el presidente Felipe Calderón criticó que grupos de interés en Estados Unidos bloqueen los esfuerzos para regular el flujo de armas hacia los cárteles de la droga. Hace bien en no quitar el dedo del renglón sobre este asunto; sin embargo, quizá sería más eficaz el reclamo si se pone el ejemplo en México de cómo manejar este asunto, empezando por pasar de una falsa prohibición a una real.

Será imposible vencer a los cárteles de la droga si ambos países siguen enfocándose más en repeler los balazos que en prevenirlos.

(El Universal)