La hora de los pueblos

"Por fin, ""los pueblos"" están empezando a tomar en sus manos las riendas del destino común. Las maquinaciones del Gran Dominio -financiero, militar, energético, mediático- comienzan a ser contrarrestadas por millones de voces hasta ahora desoídas y acalladas. Son los estertores de un sistema que sustituyó los principios de justicia social, dignidad humana, libertad y solidaridad por el mercantilismo puro; las ayudas, por préstamos en condiciones draconianas; la cooperación internacional, por explotación; y las Naciones Unidas, por una oligarquía plutocrática (G-6, G-7, G-8...).

En todos estos años, la mayoría de los países fueron cayendo en la trampa de la ""globalización"", y los intereses a corto plazo fueron ocultando el deterioro medioambiental, las burbujas económicas, la impunidad en el espacio supranacional con inadmisibles tráficos de toda índole, personas incluidas; el incremento de las asimetrías sociales; la deslocalización fundamentada en el ""todo vale"".

De pronto, en momentos en que el gasto militar alcanzaba diariamente los 4.000 millones de dólares al tiempo que morían de hambre más de 60.000 personas, llegó la quiebra del sistema financiero en Estados Unidos y su inmediato ""rescate"". No había dinero para los Objetivos del Milenio, para la lucha contra el hambre y la pobreza extrema, ni contra el Sida pero, de pronto, aparecieron torrentes de fondos para salvar del naufragio a los mismos financieros que habían provocado la catástrofe. El Gran Dominio, restablecido, vuelve a las andadas y ha decidido aplicar a los países de la eurozona los mismos ""ajustes"" que durante décadas aplicó a los países en desarrollo: recortes, despidos masivos, privatizaciones a mansalva.

Sin embargo, desde los primeros años de la década de los noventa se viene fraguando el cambio radical que podría hacer posible que el siglo XXI sea el siglo de la gente. Desde el origen de los tiempos, unos cuantos hombres han mandado sobre el resto. Los ciudadanos no han tenido más opción que obedecer, ofreciendo sin discusión hasta su propia vida cuando quienes ostentaban el poder así lo requerían. Las elecciones han representado un importante adelanto, pero su ""formalización progresiva"" ha llevado, junto a una notoria desinformación de la ciudadanía, a democracias muy imperfectas, donde los ciudadanos son contados en las elecciones, pero luego no son tenidos en cuenta.

Por eso, mediante los mismos avances tecnológicos se está procurando distraer a ""los pueblos"", mantenerlos como espectadores impasibles, como receptores permanentes. Pero han sido ya muchos, y serán muchos más en el futuro próximo, los que vayan incorporándose a la gran plaza mundial del ciberespacio, desde donde pedirán, como Blas de Otero, ""la paz y la palabra"". Sus voces, expresadas serena y pacíficamente, ya no podrán ser desoídas.

Esta capacidad va acompañada de una conciencia global y de un conocimiento de la realidad a escala planetaria que permiten no sólo conocer las precariedades de los demás, sino apreciar lo que cada uno posee.

""Situaciones sin precedentes requieren soluciones sin precedentes"", ha escrito Amin Maalouf. Ha llegado el momento de la reacción popular, de formular propuestas muy concretas e innovadoras.

Reforma de la Ley Electoral, supresión de los paraísos fiscales, rechazo a los servicios de los bancos que utilizan esos medios de evasión, transición urgente desde una economía de especulación a una productiva, desarrollo global sostenible, son algunas de esas propuestas.

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