En el 2023, la canadiense Ai Jiang publicó “I Am IA”, una novela que narra cómo una escritora intenta ser tan buena como la Inteligencia Artificial (IA), convirtiéndose progresivamente en una. Al inicio del libro, el personaje se encuentra desesperado por encontrar una fuente de energía para cargarse.
Para el filósofo mexicano Ernesto Priani, quien impartió un seminario en la UNAM sobre los problemas de la IA, esa imagen con la que arranca la novela es una metáfora irónica sobre cómo el uso de cualquier nueva forma de tecnología requiere de energía en un contexto donde el mundo padece una crisis energética.
Sin embargo, lo narrado por Ai Jiang también puede entenderse como un espejo de la simbiosis que el humano ha hecho con esas mismas tecnologías. Vale la pena preguntar: ¿Quién no se ha sentido, por lo menos una vez en su vida, desesperado porque su celular está a punto de quedarse sin batería?
Sin servicios, ¿pero con IA?
Ramón Abraham Mena, profesor del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), quien durante los últimos meses ha coordinado el seminario “Despatriarcalizar la IA”, señala que en la Zona Altos la Inteligencia Artificial impacta de una forma que podría recordar a cómo impactó la Coca Cola en la región.
“Existe la paradoja de que no tenemos los servicios básicos aún, pero sí el acceso a internet en espacios públicos o por fichas de prepago” indica el investigador. “No importa la clase social ni la etnia, estamos viendo en las comunidades originarias el uso intensivo de celulares y con ellos viene el uso de la IA, ya que todos los programas de META (propiedad de Mark Zuckerberg) como WhatsApp o Facebook, en sus motores usan IA, lo que permite hacer imagen, audio y textos”.
Al respecto, menciona cómo, Fray Carlos Mendoza, dominico que regresó a Chiapas después de 40 años, observó el profundo cambio que ha sufrido la comunidad de Zinacantán, donde ahora los jóvenes de la iglesia usan celulares y drones para trasmitir las misas por YouTube. En ese sentido, la IA impacta también en el consumo cultural, acercando a las juventudes con artistas como Peso Pluma.
En la educación
Sobre la puerta de entrada que tuvo la IA en Chiapas, Abraham Mena es claro: la educación. “En las escuelas fue donde llegó rápidamente, por el uso académico. En principio porque ordena bases de datos, con sus sesgos e invenciones. Porque la IA inventa cosas, de ahí el gran temor de que entreguen tareas que no existen”.
Para conocer más sobre el impacto de la IA en la educación, en la Secundaria del Estado n. 1, en San Cristóbal, en donde se ha implementado una medida que podría considerarse controversial: la prohibición del uso del celular. La decisión se tomó en acuerdo con profesores y tutores después de varios incidentes de ciberbullying, donde los alumnos llegaban a crear perfiles falsos para violentar.
Aunque la prohibición ha causado molestia entre el alumnado, el director, Pedro Alberto Ruiz, recalca que la falta de celulares ha disminuido significativamente el número de altercados entre jóvenes, al mismo tiempo que han empezado a relacionarse más durante los tiempos de receso, llegando a recuperar juguetes, como el trompo.
Medidas
Esta medida, sin embargo, no está contrariada al uso de la IA en el aprendizaje. El día en que se realiza la entrevista, los alumnos presentan distintos proyectos relacionados a la problemática del agua en la zona. Alberto Ruiz señala que los jóvenes usan la IA para recabar la información que después es depurada en clase con ayuda de los profesores.
Actualmente, la Secundaria ha recibido cursos a contra turno y en línea por parte de la Secretaría de Educación estatal en conjunto con IBM.
Durante la entrevista, Alberto Ruiz expresa su preocupación sobre la seguridad que tienen las propias páginas oficiales, haciendo mención que durante septiembre del año pasado hackearon la página del Sistema de Administración Educativa de Chiapas (Saech), donde se sube información académica y personal de cada estudiante para las becas.
En las preparatorias
A nivel preparatoria, el impacto de la IA es igualmente notable, a tal grado que le ha dado un par de reconocimientos a alumnos del Cecyt 20, en San Cristóbal, quienes obtuvieron el primer lugar en el Concurso Nacional de Creatividad e Innovación Tecnológica con el proyecto TEC-LIFE, una aplicación que usa IA para ayudar en fisioterapias.
El profesor Eduardo Toledo, quien por dos años acompañó la creación del proyecto que ya se encuentra registrado en el Instituto Nacional del Derecho de Autor, explica que la idea nació de que uno de los papás de los alumnos, durante el trabajo, sufrió una caída de espaldas “y como nunca tuvo el dinero para llevar las rehabilitaciones correctas, quedó con dolor crónico”.
Para la continuación del proyecto calculan que son necesarios entre 100 y 150 mil pesos, por lo que ya han presentado ante distintos empresarios. Su esperanza, por el momento, se encuentra en el Hub Tech de Tuxtla Gutiérrez.
La privacidad
Desde su experiencia como docente e ingeniero, Toledo considera que la AI llegó para quedarse dentro de la educación media superior, donde ha observado que los jóvenes recurren a ChatGPT para asuntos incluso románticos. Mismo asunto fue abordado por el investigador, Víctor Avendaño Porras.
Tras un estudio de varios planteles del Colegio de Bachilleres de Chiapas (Cobach) en la Zona Altos, Avendaño encontró “que las estudiantes mujeres tienden a expresar mayores niveles de preocupación que los hombres cuando se trata del uso de la IA y su impacto en la privacidad”. Un miedo que puede estar sustentando en cómo IAs como Grok (propiedad de Elon Musk), permiten “desnudar” a personas.
Aún más alarmante es que no en todos los estados de México se castiga la generación artificial de imágenes o videos que hipersexualizan a las mujeres sin su consentimiento, además de que es complicado litigar contra usuarios anónimos o extranjeros en la red X porque sus principales desarrolladores se encuentran en Estados Unidos.
La IA no es un robot, es un hombre blanco
En ese contexto, Abraham Mena insiste en despatriarcalizar la IA, entendiendo que esta puede ser una herramienta para seguir reproduciendo violencias arraigadas en la sociedad. Al respecto, refiere un estudio de Harvard que menciona “que si le tuviéramos que poner un cuerpo a las IAs, habría que pensar que estamos hablando con un hombre blanco de edad avanzada, anglosajón y con cultura occidental” que al momento de dialogar intenta trasmitirte su ideología.
Para Abraham Mena, el centro del saber ya no está en la Universidad, sino en la Inteligencia Artificial, que él considera “la nueva biblioteca”. “Hay que hackear el patriarcado, pero también los sistemas hegemónicos de comunicación, porque hoy un chico que usa TikTok está constantemente viendo reels patriarcales sobre cómo ‘debe’ ser de un hombre: ‘debe’ ser exitoso, fuerte, consumir proteína”.
Señala que la invitación es a que las nuevas generaciones ocupen esos espacios. “Hay que subir contenidos antirracistas, anti clasistas, anti patriarcales, desde los pueblos originarios”. Abraham Mena sostiene que, de no hacerlo, podrían ser borrados de la historia.
Investigador
El investigador de Ecosur, cree que la cuestión de llegar tarde a la discusión de la IA no debe ser preocupante. “Lo que te quiero decir es que, si usamos IA y en dos años seguimos teniendo baches o desabasto de medicinas, la IA no habrá servido para nada, tenemos que usar esta herramienta para tener otras relaciones. El llamado es a que no sea una herramienta más que nos haga hacer lo mismo mal hecho”.












