La izquierda ante el futuro

"Que triste panorama el del principal partido representativo de la izquierda mexicana: entre lo que parece una intransigencia autoritaria y lo que se presenta como intento de modernización.

La que fuera una estrategia de alianzas y juegos electorales que le permitió emerger como segunda fuerza del país se erige ahora como un Frankenstein listo a eliminar a sus creadores.

La dureza y aún brutalidad de la contienda por la dirección del PRD, y de hecho por su futuro, no sólo pone en compromiso a la izquierda, sino al propio grupo que surgió como alianza representativa de esa gama ideológica.

Las maniobras registradas ya en la contienda, desde acciones presuntamente ilegales atribuidas al que fuera su portaestandarte presidencial en el 2006, Andrés Manuel López Obrador, hasta el uso del ""aparato"" partidista para influir en la elección, no son ciertamente las de una organización que se dice democrática y legalista.

Si algunos de los actuales seguidores del PRD parecen más bien seguidores de un culto, otros asemejan cultivar fórmulas de acción política de partidos desaparecidos y sobrepasados.

Si la izquierda ha de ser una opción real de poder y de una oferta democrática para el país, no puede serlo como simple refugio de ambiciones personalistas o como un ente burocrático que sirva lo mismo para un barrido que para un fregado.

Tampoco puede ser como un consejo tribal donde cada grupo se ostente como un poseedor único de la verdad que descalifique a los demás por no ser suficientemente ""puros"", en una caricatura jacobina fuera de lugar en el siglo XXI.

México necesita un partido de izquierda democrática; uno dispuesto a entrar al debate y no sólo en las condiciones que favorezcan a su líder de turno, que deje atrás su inclinación por la victimización y actúe como lo que es: una fuerza política importante que ve hacia el futuro.

De no hacerlo bien podría verse en la paradoja de ser un grupo altamente movilizado pero social y políticamente marginal.



México debe estar cerca de Cuba

Restablecer relaciones con Cuba es necesario; primero, porque con esto se elimina el último reducto de las torpezas diplomáticas de la administración Fox. Segundo, porque dado el periodo de cambios que vive la isla, es más probable que México pueda influir o beneficiarse de ellos en la amistad que en la discordia.

México ya no figura con el liderazgo que le correspondía en Latinoamérica; la desastrosa política exterior de los primeros anos panistas en la Presidencia y la ineludible cercanía del país con Estados Unidos le han restado influencia en las naciones sobre las cuales tradicionalmente tuvo presencia.

Hoy en los diarios más influyentes fuera de Estados Unidos, como El País o Le Monde, se ven noticias sobre Lula, sobre Kirchner, pero muy poco se dice de la política mexicana. Lo único que trasciende es la guerra contra el narco y los remanentes del conflicto zapatista.

Tanto por la convalecencia de Fidel Castro como por la brecha generacional entre los líderes y la población -que amenaza la estabilidad comunista-, los cambios en Cuba son obligados.

La posibilidad de que la isla transite hacia un modelo de control político de partido único con economía capitalista, esquema exitoso en China y otros países asiáticos, abriría las puertas a naciones ""amigas"" como Brasil a participar en beneficio de ambos.

Por la cercanía entre Cuba y México, física e histórica, sería conveniente mantener una relación de proximidad al margen de quien crea que se avala un régimen con una democracia sui géneris. (El Universal).

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