La lucha por el indigenismo

En manera simultánea, el Delegado Zero, antes llamado subcomandante Marcos, autoabanderado de las causas indígenas, y el presidente Vicente Fox, que pensaba resolver el problema de Chiapas en 15 minutos, inciden en el tema del indigenismo mexicano.

Muchos prestigios se han labrado con los estudios y propuestas indigenistas, muchos políticos han abultado su discurso con alusiones a los grupos étnicos dispersos sobre todo en la porción sur del territorio nacional, pero que siguen presas en el subdesarrollo, expresado visiblemente en la miseria, la desnutrición, la ausencia de opciones educativas y de ascenso social, de progreso personal y de mejores condiciones de vida en general.

Marcos aprovecha la tregua navidena para ocupar los espacios y tiempos vacantes en los medios, con el instinto que lo mantiene como un combatiente desde hace 12 anos.

Por su parte, el presidente Fox anuncia más de 30 mil millones de pesos para los programas de apoyo a las comunidades indígenas hasta el último tramo de su gobierno.

Y los teóricos no terminan de convenir si lo que hay que hacer es incorporar a los indígenas a la nación entera o respetarlos con su cultura, usos y costumbres y dejarlos al margen de un país que con el tiempo parece acercarse más a ellos, yendo hacia atrás.

Pero lo único que no hacen de forma eficiente es preguntarles a ellos qué es lo que quieren para su futuro; cómo quieren vivir y en qué condiciones de desarrollo para solucionar sus históricos problemas sin tener que huir de su tierra para hurgar fuera de su espacio vital nuevos horizontes para ellos y para sus hijos y educarlos.

Con opciones para su desarrollo, los indígenas descuellan en las profesiones, los deportes, el comercio y una variedad apreciable de actividades. Son pocos, en realidad, junto a la gran masa que permanece en sus parajes desolados.

Creemos que los indígenas deben dejar de ser pasto de la demagogia política y de la explotación social, a veces realizada por sus iguales contra ellos mismos o por los que se disfrazan de indígenas en una farsa deshonesta de quienes los usan para asumir poses reivindicadoras o encumbrarse en la política y la academia.

Por desgracia, con mucha frecuencia ocurre que en México el mismo concepto de indigenismo entrana ya una segregación, una referencia a algo que no nos es propio, sino extrano sin tomar en consideración que, a fin de cuentas, indígenas o no, todos somos y tenemos los mismos derechos, obligaciones y responsabilidades con nuestro país.

Con frecuencia al indigenismo se le utiliza para acarrear imágenes a la figura política de líderes de origen diverso; en otras ocasiones con ellos se confunde la responsabilidad y la obligación sociopolítica con la caridad. Unos los involucran; otros les otorgan.

Lo cierto es que las comunidades indígenas necesitan caminos que los enlacen con todo el país, desarrollos educativos y de salud, apoyos productivos para que sean ellos los que decidan su futuro de acuerdo con su propia voluntad, en libertad y con la seguridad de que el Estado de Derecho -que tanto se pregona en los discursos políticos- es una realidad y no una aspiración.

Cualquier paso adelante en este trayecto será más valioso que diez mil palabras destinadas a ensalzar a nuestros indígenas y a santificar sus milenarias culturas. (El Universal).