La magna peregrinación de Villaflores a la Virgen

Aspecto de la peregrinación de Villaflores a la Virgen de Guadalupe. CP
Aspecto de la peregrinación de Villaflores a la Virgen de Guadalupe. CP

Alrededor de mil 500 peregrinos del municipio de Villaflores llegan cada año, el 12 de diciembre, a la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en el Centro de Tuxtla Gutiérrez, para estar unos instantes frente a la imagen de la “Morenita”.

El contingente de hombres y mujeres realiza un recorrido en toda la carretera Villaflores hasta la 9ª Sur y 4ª Oriente, continuando al poniente sobre 9ª Sur, para después incorporarse sobre la 2ª Oriente hacia el norte hasta la Avenida Central y así hasta llegar a la Iglesia de Guadalupe, en un recorrido que dura tres días.

Del municipio de Villaflores hacia Tuxtla Gutiérrez, pasando por Suchiapa, se suspende el tráfico vehicular, miles de peregrinos toman la vía estatal.

Caminan lentamente, en el último tramo algunos hombres y mujeres se quitan los zapatos, otros se atrevieron a ir descalzos.

En el trayecto queman cohetes, las sirenas de las unidades de auxilio tienen el volumen a “todo lo que da”, algunos organizan las filas de los caminantes.

La finalidad es llegar hasta el templo parroquial de la Virgen, algunos van por primera vez, otras por segunda, muchos por tercera, pero la mayoría ha perdido la cuenta del número de veces en que ha participado en eventos de este tipo, todos van contentos, satisfechos, felices, cantando y gritando.

Llegan también con antorchas. En el interior del templo reciben la bendición, tardan poco, oran a los pies de la Virgen, pero luego dan paso a los demás, todos quieren llegar, muchos no han ido en peregrinaciones pero han estado hasta las primeras bancas, encienden su veladora, colocan sus ramos y siguen su camino.

Las mujeres se distinguen por vistosas faldas largas de cuadro azul, que les cubre hasta los pies, a la vez, portan una blusa blanca de manta, con bordados de hilo en las mangas, algunos van con botiquín a cuesta, otros con imágenes de la Virgen o de San Juan Diego.

Los hombres cargan aparatos de sonido, lo mismo en bicicleta que en autos, o en los hombros, todos cantan, todos gritan, parece que nadie se cansa en el trayecto.

Los carros de los peregrinos lucen adornos, imágenes de todos los tamaños y formas de la virgen, resalta la leyenda: “soy guadalupano”.