La marcha hacia América Latina

Habría que ver las fricciones habidas entre el gobierno mexicano con los presidentes de Cuba, Argentina y Venezuela, y la ociosa competencia con los chilenos por la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos como algo más que incidentes aislados, que ya no lo son, ni como consecuencias naturales del quehacer político y diplomático, sino como verdaderos y graves síntomas de la carencia de una política exterior integral y bien estructurada hacia los países de América Latina. Pero más allá de los episodios recientes, que nos han puesto fuera de condición en esta materia, lo que ha sido aprovechado por algunos gobernantes para fortalecer su ubicación de presunto liderazgo regional y para intentar segregarnos de otros proyectos y alianzas con los países del sur del continente, lo realmente importante aquí es que hoy sabemos, más que antes, lo esencial de recomponer nuestras relaciones con todos los países de América Latina.

Así, importa nuestra relación con Venezuela; es más, nos es indispensable para establecer los vínculos necesarios en razón de los intereses regionales comunes y, en particular, en nuestro caso, los de México. En las buenas relaciones florecen los programas políticos, los intercambios artísticos y culturales y las relaciones humanas en su infinita variedad de formas.

La afirmación de que para México interesa más asistir a la reunión de los países de la cumbre Asia-Pacífico en Corea es cierta, pero sólo en parte porque por naturaleza nuestros intereses prioritarios deben estar, ya, en el continente, y hoy sabemos que en particular en el sur.

Cada uno de los países de América Latina son importantes para nosotros porque nuestros intereses conjuntos corren hacia el mismo rumbo: el del fortalecimiento común, el del respaldo estratégico, el de la lucha por la soberanía individual y porque comercialmente nos merecemos: es decir, hay un amplio campo de acción para la integración económica. Grandes empresas mexicanas se han extendido al sur del continente, ampliando sus mercados, generando empleo y detonando desarrollo en áreas abiertas para la inversión externa. La tecnología mexicana ha servido también para levantar presas, abrir carreteras, construir sistemas de transporte urbano y muchas obras más. La producción agropecuaria es complementaria por las diferencias de las temporadas de cosecha. La preservación del medio ambiente, la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, así como el acucioso intercambio de información para fines de seguridad, contra el terrorismo y las guerrillas son campos de colaboración inagotable. Por supuesto, en lo político cada país tiene su propia historia, pero eso no excluye la observación atenta de unos a otros para integrar nuestro destino común y nuestra propia seguridad nacional.

La acción conjunta de los países latinoamericanos en el terreno de la competencia global no ha sido suficientemente explotada. Tampoco el intercambio de conocimientos y aportaciones médicas, científicas y de nutrición, en la que son relevantes los médicos iberoamericanos. Más allá de utopías unificadoras, hoy prácticamente irrealizables, está el interés regional y la individualidad soberana de cada país, un poco al estilo de la unidad en la diversidad, porque los países de Latinoamérica seamos potencialmente sujetos de una integración que sume calidades y aliente cooperaciones en una gran variedad de temas.

México debe retomar la marcha al sur hoy más que nunca porque es parte de sus obligaciones, porque es responsabilidad de su gobierno y porque es voluntad de los mexicanos reafirmar los lazos políticos, culturales, comerciales y amistosos con América Latina. (El Universal).