Antes de la puesta del sol y con los últimos rayos iluminando el quiosco central, en punto de las 17:30 horas comienzan a escucharse las melodías que se emiten desde las maderas que cantan.
En este espacio la alegría surge a partir de los colores que se imprimen en los adornos, las melodías, los niños y niñas que corren y de los rostros de felicidad de los bailadores, así como de quienes con orgullo acuden a escuchar el son de la marimba.
Familias enteras, turistas nacionales, y en ocasiones extranjeros, parejas y hasta solitarios escuchas, los bailarines se congregan en los alrededores del quiosco, pero no se puede evitar ver entre la multitud a algunos que por su vestimenta destacan con sus peculiares zapatos de charol o brillantes por la grasa aún fresca, llevando sombreros con plumas y mujeres que portan con orgullo el traje típico de las chiapanecas.
Es el caso del señor Roberto Bernardino Molina Coutiño, quien desde hace 21 años acude al parque y asegura que casi todos los días va a escuchar las canciones que lo alegran.
Comenta que comenzó a visitar el parque porque un día, en compañía de su esposa pasó por la avenida Central y escuchó la música de la marimba, así que se acercaron. Recuerda que en aquella ocasión, y en medio de la penumbra, disfrutó de algunos sones que interpretaba la marimba orquesta en el centro del quiosco.
“Antes no había bancas, nosotros mismos poníamos y quitábamos una sillas de doblar”, comparte. Al inicio no se vestía con ropa vistosa, pero poco a poco comenzó a utilizar un vestuario característico que porta actualmente.
Originario de la colonia Ricardo Flores Magón del municipio de Venustiano Carranza, Roberto Bernardino se reconoce como tuxtleco, pues ha vivido en la capital desde hace 50 años.
El también maestro mecánico en maquinaria pesada y vehículos, saca sus mejores pasos cada tarde en el parque, aunque reconoce que prefiere los mambos porque son de mucha acción y de mucho movimiento.
La música romántica, dijo, es para relajarse un poco, “me gusta la arrechura”, dice al mismo tiempo que sonríe, y comparte que incluso ha sido invitado a bailar a otros municipios de Chiapas, como Berriozábal, Tonalá, Comitán y San Cristóbal.
20 mujeres y cuatro hombres se integran en un grupo muy alegre de bailadores en el que está integrado, y recalca que a los 71 años siente que la marimba le da vida “porque te nace en el corazón, te nace en la sangre, no sé de dónde nace la alegría, quizás de la música, de la marimba”.
Padre de dos hijos, dice que ni a su hija ni a su hijo les gusta mucho bailar, sólo una de sus nietas es atraída por la marimba y el baile.
Manuel Molina Pérez y Alicia Coutiño Velasco fueron sus padres, a quienes rememora, y que aunque su padre no era muy bailador, su madre sí, dijo que es posible que de ella naciera el gusto por la música y el baile. “De ahí salió la raicita”, afirma.
Por su parte, el señor Reinaldo Trujillo -quien desde hace siete años aproximadamente asiste al emblemático lugar- es otro de los asiduos bailadores del parque; comparte que es originario del barrio de San Francisco de la capital del estado, y comenzó a llegar atraído por la alegría del lugar y para disfrutar de la música.
El señor Reinaldo, dedicado a la albañilería, dice que mientras baila se olvida del estrés. Y en compañía de Verónica Guillen, el señor Reinaldo Trujillo disfruta del baile.
Verónica Guillen cuenta de que desde hace 20 años comenzó a visitar el parque. Ella es originaria del barrio La Pimienta, y confiesa que fue una psicóloga quien le recomendó acudir, esto tras pasar por una depresión que le originó un derrame.
“Qué esperas, el parque de La Marimba te está esperando”, fue la frase que la motivó a llegar y dejar de lado su sentir, al grado de superar su depresión.
En 20 años, Verónica comenta que su interés es tan sólo el baile, por lo que se sintió triste cuando durante la pandemia se detuvieron las presentaciones musicales.
A los 48 años, comparte que como madre soltera lo único que disfruta es el baile, el cual es un buen ejercicio y esto le ayuda a no envejecer y no enfermarse, por lo que invita a las personas que sufren de depresión o enfermedad a que vayan a olvidar sus problemas.












