La mesa de diálogo

Como es lógico, ha generado gran expectativa entre la opinión pública nacional la reunión de trabajo que habrán de celebrar este viernes en la residencia oficial de Los Pinos el presidente de la República, Vicente Fox, y el jefe de Gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador.

Se espera que sea el primer encuentro verdaderamente constructivo que celebren ambos personajes en mucho tiempo, libres ya de la presión y la carga de disgusto en torno de un conflicto que se arrastró durante largos meses entre ambos órdenes de gobierno. En espacios como este senalamos en diversas ocasiones la necesidad de dirimir mediante el diálogo y la concertación cualquier diferencia de criterio entre los actores políticos.

Naturalmente, hay diversidad de opiniones sobre los temas que deberán abordarse en función de las prioridades de cada uno; aun así, parece necesario que compartan una reflexión sobre lo ocurrido en los últimos meses para garantizar que situaciones como esas no se repitan.

Como hemos advertido en diferentes ocasiones aquí mismo, es preciso que de dicha reunión surjan acuerdos entre todos los actores políticos nacionales con miras a una sucesión presidencial tranquila y con gobernabilidad. En este sentido se manifestaron favorablemente algunos legisladores de diversos partidos.

Otros han senalado que el encuentro entre el mandatario local y el nacional debe servir para mandar un mensaje de civilidad política con miras a la elección de 2006.

Ante estas expresiones es alentador que se presente, aunque sea por un momento, una cierta unidad de criterios entre legisladores de diversos partidos, quienes hace menos de tres semanas todavía se enfrentaban con gran encono en la tribuna y los medios.

Independientemente de lo anterior, para la mayoría de los mexicanos, y sobre todo para los capitalinos, está muy claro que se debe aprovechar este paso para establecer acciones formales, tendientes a resolver los problemas de la capital y de la zona conurbada del valle de México.

Este tipo de diálogos de alto nivel y las muestras de flexibilidad y prudencia, que al parecer han rodeado los preparativos del encuentro, son requisitos indispensables para que se recupere, aunque sea en parte, la confianza en la política que tanto se ha visto mermada entre la población a causa, sobre todo, de los escándalos que vivió el país.

Si el diálogo que han de sostener ambos funcionarios permite no sólo cerrar el caso que paralizó a la actividad pública, sino establecer los mecanismos de concertación para que no se repita en el futuro otro desencuentro, el interés supremo de la nación habrá salido beneficiado.

No queda más que preguntarse cómo fue que, ante la conciencia del deterioro político vivido en el país en los meses recientes, se permitió que el conflicto avanzara al grado que amenazó ostensiblemente la viabilidad de la transición democrática en México. En todo caso, es indispensable que la experiencia que vivimos en México en los meses recientes no se repita bajo ninguna circunstancia. Es indispensable, asimismo, que los actores políticos piensen y actúen como hombres de Estado, independientemente de sus vocaciones ideológicas, sólo con ese principio podrá construirse una nación democrática, justa, equilibrada, como cada uno de ellos dice proponer.

Sigue el diálogo y la nueva forma de hacer gobierno: la de la concertación, la de la negociación y la del beneficio nacional. (El Universal).