La molestia de los mercados

"Mientras el Departamento del Tesoro anunciaba nuevas medidas para enfrentar la crisis económica y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se mostraba feliz por la aprobación en el Senado de su plan de estímulo por 837 mil millones de dólares, los duenos del dinero en Wall Street castigaron las determinaciones con la peor caída de los mercados estadounidenses en dos meses. Así, dieron el primer revés al bono democrático de Obama que aparentaba ser, por sí mismo, suficiente para aminorar el peso de la crisis en la Unión Americana y en el mundo.

Ni siquiera con esta cascada de dinero sobre la economía del país vecino los inversionistas reaccionaron favorablemente. zPor qué?

La magnitud del desplome del Dow Jones (4.62 puntos), de la acción de Bank of America en 19.3%, Citigroup en 15.19%, American Express en 10%, JP Morgan en 9.75%, entre otros indicadores, nos dice que la actual es una época en que la credibilidad de los presidentes en materia economía está alicaída. No pudieron ser más claros los analistas consultados: los inversores consideraron como ""poco nítidas"" las condiciones de los apoyos para estabilizar el sistema financiero.

Más allá del escepticismo instintivo de estos días es posible especular que la molestia de quienes dirigen el destino de los mercados se debe, más que a la falta de información, a las cláusulas de pie de página en el paquete Obama. Apoyo habrá para todos los sectores, se afirma, pero no cheques en blanco.

El gobierno estadounidense y el Senado -en espera de lo que decida la Cámara de Representantes- han impuesto controles para acceder a los recursos acordados. Estas limitaciones en el libre manejo del dinero público, a las que no están acostumbrados los ejecutivos de las empresas, son una novedad que al parecer no goza de simpatía en los pasillos de Wall Street. El mejor ejemplo es el tope dado a los bonos millonarios para los directivos que hicieron su agosto con los derivados y otros instrumentos de especulación.

No es difícil imaginar la molestia de quienes deciden si sube o baja el Dow Jones al descubrirse a sí mismos, como cualquier mortal, sujetos a los controles elementales que requiere el manejo del dinero de los contribuyentes. Por la experiencia del pasado reciente, es de suponer que la mezquindad individual de estos personajes es suficiente para hacerlos oponerse a los proyectos gubernamentales, aun si con ello lograrían su propio rescate.

En otras palabras, a mayor control del Estado sobre los ejes económicos, más evidente será la insatisfacción de los agentes privados. La premisa aplica en cualquier latitud, incluido México.

A los gobiernos les toca ahora definir si endurecerán su posición hasta lograr que los muy interesados actores se sumen en una acción colectiva para rescatar el ámbito económico común o si, por el contrario, endulzarán sus propuestas para ganar las voluntades de los hombres y mujeres de los negocios. En palabras simples, la decisión está en devolverle al poder público la capacidad de reconducir la política económica ya sea con la zanahoria o el garrote.

No será sencillo tomar una orientación. Obama ha apostado por someter a los rescatados; la Unión Europea ha consensuado una estrategia conjunta entre gobiernos, empresas y actores sociales. En México, a juzgar por la estridencia del debate, no parece claro que se haya tomado una decisión. (El Universal)

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