La mujer sigue sufriendo: Arquidiócesis de Tuxtla

La mujer sigue sufriendo: Arquidiócesis de Tuxtla

“Lamentablemente, a pesar de los grandes avances todavía millones de mujeres siguen siendo ignoradas, explotadas y abusadas; víctimas de violencia verbal, económica, sexual, física, psicológica, que lamentablemente, con frecuencia, les arrebata la vida”, expresó el vicario de Pastoral, Víctor Giovanni Velasco Domínguez, en representación de la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez.

En la acostumbrada conferencia de prensa dominical citó que el próximo miércoles 8 de marzo (8M), se conmemora el Día Internacional de la Mujer, y lo cual calificó como una valiosa oportunidad para reflexionar sobre la contribución irreemplazable de las mujeres día con día y en la construcción de un mundo que aspira a ser un hogar para todos. Sumó que el 8M también es un día para “hacerle eco” a las mujeres.

“Es un día para hacerle eco al silencio de todas aquellas mujeres a las que ha silenciado la violencia; un día para unirnos a las mujeres que en todos los rincones del mundo piden que cesen las violencias contra ellas, y que nos ayudan a mantener la memoria para con ellas, ponerle rostro y nombre a tantas situaciones que degradan, invisibilizan y laceran la dignidad de la mujer”.

Mujer: piedra angular de la sociedad

“Sobre todo, es un día para celebrar con ellas, que sostienen la vida, trabajan y cuidan la tierra, sostienen la esperanza de sus comunidades, motivan el cambio. Un día para resistirnos a que sea solo un día”, añadió.

Velasco Domínguez sostuvo que todo ser humano es, en esencia, el aliento de Dios, pues en cada uno palpita la vida del creador prolongando su gracia a la humanidad, y, en especial, a las mujeres les confió el cuidado, la protección y la solidaridad.

Y agregó: “El género femenino recibió desde la eternidad la misión de portar la vida que Dios sigue insuflando en su creación, que cada día se renueva en su indescriptible amor. Lo sabemos, la mujer contribuye a hacer hermoso al mundo, lo protege y lo mantiene vivo. Trae consigo la gracia de la renovación, el abrazo de la inclusión y el coraje de dar uno mismo”.

Por lo anterior —dijo— es urgente favorecer los espacios para contribuir a que sean protagonistas de los cambios culturales, sociales, al igual que los eclesiales, que tanto se necesitan; “tenemos que incidir e implicarnos para hacer posible que el querer de Dios, su proyecto de amor incluyente, llegue a todos y transforme los corazones de las familias, de los jóvenes y de la sociedad entera”.

Consideró que hoy más que nunca es imperativo que la voz de la mujer sea verdaderamente escuchada y sobre todo tenida en cuenta, tanto en la sociedad como en la Iglesia.