"Cien millones de ninos en todo el mundo están exclui-dos de los servicios básicos de salud, alimentación, educación y vivienda, según el informe anual del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), y 70 millones de ninos simplemente son invisibles para el gobierno y la sociedad. Son ninos sin futuro posible, que sobreviven en la desnutrición, la ignorancia, las enfermedades o la indigencia absoluta.
Para la UNICEF, son urgentes políticas públicas que atiendan este doloroso problema de injusticia social, que en México se expresa con cifras de un intenso dramatismo. De 1998 a la fecha, la satisfacción de los derechos fundamentales de los ninos mexicanos mejoró en un punto, pero todavía estamos muy lejos de garantizar a los menores todos los cuidados que tenemos la obligación de otorgarles.
Por supuesto, la situación de grave marginación de los ninos en México es una de las indeseables consecuencias de una estructura so-cial monstruosamente desigual, con una élite de favorecidos por la fortuna en la cúspide, con bienes personales que compiten con los de cualquier potentado de los grandes países industrializados y una vasta masa de desposeídos.
Es urgente que las autoridades y, en su medida, la sociedad vean a los ninos ""invisibles"", adviertan la presencia de seres incapaces de valerse por sí mismos por completo y proveerles el auxilio que demandan con urgencia.
Los ninos necesitan pan y salud para poder estudiar y desarrollarse en plenitud. Entre ellos están, seguramente, quienes, con la ayuda debida, podrán contribuir en los próximos decenios a mejorar la situación de las nuevas generaciones de ninos.
Una de las principales responsabilidades del gobierno es asumir con decisión la tarea de suministrar a todos los ninos de México oportunidades para crecer siendo mejores, para apartarlos de una senda que los lleva a una vida vegetativa, improductiva y sin horizontes, sin posibilidad de una realización personal digna, o que los desvía hacia las conductas antisociales o abiertamente delictivas. El país no está en condiciones de permitir que se produzca una desarticulación social por ineficiencia o, incluso, negligencia gubernamental. El gobierno tiene maneras de inducir la participación social de empresas y particulares, con programas de, por ejemplo, virtual adopción mediante cuotas mensuales de ayuda a los menores desamparados, como a escala internacional propicia la UNICEF.
Formas hay muchas, pero lo esencial es que exista una política social de ayuda a la infancia mexicana, muy particularmente a la que se encuentra en situación de pobreza o aquella que vive en comunidades indígenas del país, que son aquellas que más resienten la ausencia de programas bien estructurados para solucionar esa exclusión que tanto danos les hace y que, a la larga, tanto dano le hará al país en general.
Ciertamente existe una responsabilidad social en todo esto, pero sobre todo existe una responsabilidad de gobierno, el cual, al momento, como se ve, no ha sabido solucionar el problema de la pobreza, de la marginación y la exclusión de los beneficios sociales de estos ninos. Un gobierno incapaz de atender a sus ninos, o indiferente a las necesidades de los indigentes de las nuevas generaciones, propicia su propia desarticulación. (El Universal).
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