"La ""normalidad"" de la violencia"

"El día de ayer fue como tantos otros: ejecutaron al jefe de la Policía Municipal de Sánchez Taboada, en Tijuana, Baja California, un día después de haber salido vivo de otro atentado; aparece muerto en extranas circunstancias el director del periódico El Despertar de Guerrero ; un tipo con tremendo arsenal enfrenta, solito, a más de cien efectivos militares en Tumbiscatío, Michoacán; catean la casa del Secretario de Seguridad Pública de Tabasco, en busca de cadáveres y droga.

zNos estamos acostumbrado a que éstas sean las notas de un día ""normal"" en el país? Posiblemente; pero no deberíamos.

El ano pasado se registraron en México mil 574 ejecuciones, la mayoría atribuidas al crimen organizado. En lo que va de 2006, sin que haya cerrado el ano, la cifra de ejecutados asciende ya a 2 mil 012 personas, la mayoría en situaciones vinculadas al tráfico de estupefacientes y bandas delincuenciales en general.

En las entidades federativas donde ayer se dieron estos casos, la violencia es un asunto cotidiano. El Gobierno Federal ha mencionado en reiteradas ocasiones que este entramado de sangre forma parte de ajustes de cuentas de criminales entre sí, que no ponen en riesgo la seguridad de los ciudadanos comunes y corrientes, y niegan que afecten actividades económicas indirectas como el comercio o el turismo.

Así vistas y relativizadas las cosas, pues sí, pareciera que las autoridades no ven mal que los delincuentes se maten entre ellos.

Sin embargo, no están muriendo sólo criminales, sino también policías en el cumplimiento de su deber -por lo general mal equipados y protegidos- y también periodistas, que cada vez son más acechados en las zonas donde el narcotráfico florece a sus anchas.

Somos, junto con Colombia y Venezuela, uno de los tres países más peligrosos para ejercer el periodismo en el continente, como senaló en su pasada asamblea del mes de octubre en México, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

Por el bien de México, no podemos perder nuestra capacidad de asombro e indignación ante estos hechos, por más cotidianos que sean. En las ciudades del norte del país y en aquellas del sur, donde el narcotráfico defiende sus plazas, la ciudadanía, especialmente ninos y jóvenes, ven ya con familiaridad y cercanía las noticias sobre ejecuciones, cadáveres, balaceras, o ""levantones"" de personas. Peor aún, reciben el mensaje de que tales situaciones son riesgos consustanciales a una forma rápida de prosperar y hacer dinero, lo que genera una cultura de la violencia que les es inoculada desde pequenos.

Tampoco es acertado decir que la economía no resulta afectada de esta ola de muertes. El turismo, que es una industria que vive de las percepciones, comienza a ser afectado por el hecho de que poco a poco, muerto a muerto, el país se está ganando en el exterior una fama de peligroso, por más que ningún turista haya sido victimado por la delincuencia organizada.

Estamos en el camino de volvernos una sociedad insensible, que paulatinamente se va alejando de la civilización, en tanto que permite que el poder de las armas se imponga, de manera natural, en un viernes ""normal"" como el de ayer. (El Universal).

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