La nueva vieja clase política

"Francisco Valdés Ugalde * Universal. Es opinión generalizada que la clase política no se conduce a la altura de las circunstancias, ni lleva al país por vías que ofrezcan certidumbre y rumbo. Este es un tema que debe ser analizado seriamente y más allá de sectarismos de partido. La primera razón para hacerlo es que la cuestión no reside en las diferencias entre partidos. No es que los de uno sean mejores dirigentes que los de otro y así, sucesivamente. Todo indica que es un mal transversal a todos los partidos y que se refleja en prácticas inaceptables para una cultura cívica democrática.

También es menester distinguir entre buenos y malos desempenos. Lo que aquí se analiza no necesariamente concierne a todos los profesionales de la política, muchos de los cuales hacen esfuerzos considerables por superar esta situación, sino a las actitudes, prácticas y orientaciones que privan en la clase política, que determinan el comportamiento del orden público.

Empecemos por lo que no es, estrictamente, ""culpa"" de los políticos: el sistema de gobierno heredado. Hemos sostenido en este espacio y en otros de aliento académico que la contra-dicción principal en la que se halla el sistema político es la de haber realizado los cambios que condujeron a un sistema electoral democrático y de partidos apto para la alternancia en el poder, pero las instituciones de ejercicio del poder no han sido modificadas en consonancia con la dinámica que el primer tipo de cambios produce. Conseguimos el ""sufragio efectivo"", pero no el gobierno efectivo.

La disfuncionalidad entre el cambio democrático y la permanencia de formas anquilosadas de gobernar tiene muchas aristas y no podemos reproducir aquí todos los argumentos que las evidencian. Pero es cierto que hay un choque entre la forma de competir por el poder y la forma de gobernar que conduce a un círculo vicioso en el que gobernar es, principalmente, una variante de la competencia política y no una actuación diferenciada en la que domine el binomio ciudadanos-gobernantes. La mediación que efectúan los partidos políticos por la forma en que han sido institucionalizados tiene mucho que ver en este enredo, por cuanto es a los partidos y no a los ciudadanos que los gobernantes se deben principalmente, y la separación entre partidos y ciudadanos crece día con día.

La irresponsabilidad de los políticos frente a este sobresaliente aspecto de la política actual consiste básicamente en que, de dientes para afuera, todos dicen reconocer la necesidad de cambios en el sistema de gobierno y en la interacción entre los poderes del Estado, pero en la práctica nadie le pone el cascabel al gato. Por qué, se preguntará el lector. Mi opinión es que así ocurre porque, estando las cosas como están, es más redituable ""explotar"" a favor de cada uno (gobernante o partido) esta deficiencia del sistema político que hacerle los cambios para que opere a favor de la sociedad. Pero, insisto, esto es en parte una herencia a la que los gobernantes se han adaptado oportunistamente y por la que han detenido el proceso de reformas institucionales.

Otra circunstancia que influye es la manera como se han ido formando los partidos. A la vista de todos está lo que el ex presidente del gobierno espanol Felipe González llamó, refiriéndose a México, ""travestismo político"". La opinión pública mexicana ha visto cómo a medida que evolucionan los partidos muchos políticos cambian de bandera. Seguramente hay una convicción sincera en muchos que, al ver que ahora sí se puede competir por el poder y no sólo esperar el dedo providencial, decidieron ""salir del clóset"" para manifestar sus verdaderas convicciones ideológicas. Por eso muchos se han intercambiado entre el PRI, el PAN y el PRD, por no hablar de los que han formado nuevas opciones políticas de menor tamano, como Nueva Alianza o Convergencia.

No podía esperarse menos después de un largo periodo en el que (con excepción de la izquierda organizada y el PAN) tirios y troyanos coexistían bajo la ""misma"" insignia ideológica (que por supuesto nunca fue igual a sí misma, sino que osciló con los vientos dominantes de cada momento). Sin embargo, el fenómeno no cesa. El travestismo se sigue produciendo. Vimos en las elecciones de Yucatán un extremo grotesco de esta mecánica. zPor qué?

Además de que una causa proviene del patronazgo de los partidos que domina sobre el de los ciudadanos, hay otras razones que pesan. Una es la inconsistencia ideológica de los partidos políticos. Cuando se leen sus programas y se observa cómo van cambiando a lo largo del tiempo, cualquiera puede darse cuenta de que tienen oscilaciones de importancia e incongruencias constantes entre ideario, programa y prácticas de gobierno, cuando es el caso de que ganen una elección.

Un ejemplo magistral de estas inconsistencias lo ofreció el gobierno de Fox con el incumplimiento palmario de su compromiso de impulsar las reformas institucionales del sistema político. Por ello será considerado un ""eslabón perdido"" en la transición política. Otro ejemplo es la arbitrariedad con la que gobernó el DF Andrés Manuel López Obrador, tratando de hacer pasar el secretismo autoritario como fórmula de salvación.

Otra más es la persistencia de prácticas de corrupción escandalosas por parte de gobernantes de todos los partidos, de las que nos enteramos aquí y allá, pero sin disponer de instrumentos para castigarla.

Una confirmación de todo lo anterior la veremos a medida que una nueva generación de políticos adquiera mayor influencia que sus predecesores. En ella se perfilan intereses muy distintos, que la inclinan a ver con simpatía los cambios institucionales sin los cuales su futuro consiste solamente en ser presa de la nueva vieja clase política que hoy ocupa el cenit del firmamento público.

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+ Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM

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