"La supervisión de las elecciones no está en manos solamente de los funcionarios del IFE, también actúan como tales empresas que elaboran encuestas, que con rápidos muestreos suelen anticipar por proyección los resultados, con pasmosa exactitud. Además están los ciudadanos, nacionales y extranjeros, que se apersonan en puntos críticos para dar testimonio del proceso. Ninguna de estas acciones está de más, después de haber vivido inmersos en una parodia institucional de elecciones durante prácticamente todo el siglo XX, con excepción de 1910 y 2000. Aunque el sistema electoral mexicano ha ganado en certidumbre, confianza y respetabilidad, no hay ninguna razón para desentenderse de él, seguros de que no habrá recaídas.
Ahora mismo, los observadores electorales mexicanos ""de segunda generación"" se disponen a probar un nuevo método, con tecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México, para vigilar las campanas, los mensajes transmitidos por las redes electrónicas de comunicación y los gastos de los candidatos a la Presidencia de la República. El proyecto Observatorio Electoral de monitoreo de las campanas fue concebido por la UNAM con la asistencia del Instituto Federal Electoral y por el Programa de las Naciones Unidas Para el Desarrollo, PNUD. Con este nuevo ""ojo ciudadano"", el seguimiento de las elecciones pasa de la vigilancia en las casillas el día de la votación, al examen de toda la campana, incluidas la entrada y salida del dinero, así como el gasto en anuncios en los medios de comunicación.
Desde que los partidos cuestionaban la integración del padrón electoral, los resultados de la votación, el control gubernamental del proceso hasta nuestros días, hay un cambio sustantivo con órganos autónomos de elección, sistemas claros de impugnación, y verificación de identidad electoral inviolable. La discusión se enfoca inclusive en el papel de los medios. Hoy la transparencia es el instrumento clave de la observación. Sin claridad en el proceso, sin conocimiento exacto de la naturaleza y magnitud de los recursos empleados, no es posible detectar si estamos en presencia de un juego limpio o trucado.
Y son los observadores los que tienen que asumir su tarea con plena responsabilidad ciudadana y convicción democrática. Mejorar esta función con sistemas auxiliares fundados en las redes de computación electrónica es un esfuerzo adicional, de ninguna manera excesivo. La supervisión siempre debe ir a más, sin conformarse con límites. Aun sistemas democráticos de larga trayectoria y respetabilidad han sido puestos en jaque por deficiencias incidentales o estructurales de operación, cuando se ponen en juego los más grandes intereses de los grupos de poder. La paradoja es que mientras el sistema electoral se perfecciona y está en permanente búsqueda de su mejoramiento, algunos partidos parecen empantanarse o retroceder en los modos de selección o en la autoimposición de sus candidatos a la Presidencia de la República. Las organizaciones políticas, que deben ser la avanzada de la consolidación democrática, quedan exhibidas así en sus pugnas por el poder público, por la vía de la toma de las candidaturas.
Una observación electoral independiente y mejorada debe inhibir la repetición de vicios, trampas y ventajas que influyen en los resultados al tiempo que les restan legitimidad. Hasta ahora la observación electoral ciudadana ha tenido un valor testimonial, sin duda trascendente, pero la legislación habrá de otorgarle un carácter jurídico más específico hacia la consolidación democrática.
El avance, por supuesto, debe ser parejo, es decir, debe comprender todas las etapas y componentes del sistema político. México tiene mucho que ganar en credibilidad y estabilidad social. (El Universal).
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