"Entre más seguro esté México, más seguro estará Estados Unidos, fue el mensaje del presidente Felipe Calderón a Barack Obama en la reunión que tuvieron ayer en Washington. Los propios reportes de seguridad de aquel país sustentan las palabras del mandatario mexicano. Es una obviedad para los conocedores de la relación bilateral y, sin embargo, pareció imperioso ratificarlo ante el futuro habitante de la Casa Blanca.
En sí, las palabras pronunciadas por los gobernantes y por los dirigentes del Congreso estadounidense -con quienes también se reunió el mandatario mexicano- adolecen de novedad en sus contenidos.
Sin embargo, Obama prometió abrir ""una nueva página"" en las relaciones bilaterales y Calderón confió en que el apretón de manos representaba ""el principio de una extraordinaria época de cooperación y de relación"" entre las dos naciones. Por su parte, Nancy Pelosi, líder demócrata en la Cámara de Representantes, dijo que los contactos mutuos serán con ""respeto de las posiciones de cada uno"", y el líder en el Senado, Harry Reid, ofreció ""implementar políticas que sean beneficiosas para ambas naciones"".
No hubo un acercamiento controversial al Tratado de Libre Comercio o a la evaluación de la Iniciativa Mérida. Había que probar que hay entendimiento y empatía entre los presidentes.
Durante el encuentro en el Instituto Mexicano de Cultura en Washington el presidente Calderón introdujo al estadounidense en la identidad mexicana, a manera de guía personal, mientras que Obama reaccionó obsequioso hacia su homólogo por el ""extraordinario valor"" que ha implicado la lucha contra el crimen organizado en nuestro país.
Sin dudarlo, el Presidente mexicano recibió un respaldo que lo fortalece al interior y al exterior de la nación, al menos en el ámbito de la seguridad.
Con todo, no hubo una respuesta específica a la ""alianza estratégica"" que propuso el mexicano para tratar asuntos como la seguridad y la lucha contra el crimen organizado, pero sí se reforzó la idea de que frente a esta amenaza a la seguridad interna estadounidense la solución pasará primero por la confianza en las instituciones mexicanas.
No es poca cosa. El incremento de la violencia en la frontera ha llevado a considerar al gobierno del país vecino el eventual uso de fuerzas especiales de su Ejército para junio próximo. Para el Comando Conjunto de las Fuerzas de Estados Unidos, México se equipara en riesgo con Paquistán, en la medida en que en las dos naciones podrían surgir conflictos súbitos que harían ""necesaria"" la intervención de tropas estadounidenses.
Si bien el problema es muy distinto porque, a diferencia de México, en Paquistán hay armas nucleares y terrorismo antiestadounidense, hay que admitir que la incapacidad del Estado mexicano para contener a los grupos criminales puede facilitar la entrada de otro tipo de amenazas muy nocivas para el vecino del norte a lo largo de los más de 3 mil kilómetros de frontera compartida.
Bajo tal volatilidad de la violencia, el presidente Calderón busca convencer a Barack Obama, y de paso al mundo entero, de que México no es un Estado fallido, sino un Estado con fallas, las cuales sólo podrán ser resueltas con la cooperación internacional -en particular de Norteamérica- y el apoyo a las instituciones nacionales.
Por el bien común, es necesario que Estados Unidos tenga claro que México no podrá evitar un colapso institucional sólo con fuertes apretones de mano ni con frases obsequiosas. La solidaridad y la cooperación deben centrarse en fortalecer al Estado, en particular a las instituciones encargadas de garantizar la seguridad y la justicia. (El Universal)
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