La orden

Como para que tomen nota simuladores, forasteros mal intencionados y mercaderes que en distintos tiempos han venido manipulando el asunto, ayer la Suprema Corte de Justicia de la Nación ordenó la inmediata y absoluta libertad de siete indígenas tzotziles, quienes habían sido sentenciados como responsables del homicidio de otros 45 integrantes de la misma etnia, ocurrido en Acteal, el 22 de diciembre de 1997.

Los todavía presos solicitaron al máximo tribunal del país el reconocimiento de su inocencia con base en la sentencia de la Corte que hace dos años amparó a un primer grupo de 20 tzotziles también acusados por la misma matanza, debido a que la Procuraduría General de la República no integró con apego a derecho las correspondientes averiguaciones previas.

Por tres votos contra uno, la Primera Sala de la Corte declaró fundados los incidentes de reconocimiento de inocencia, y ordenó la inmediata y absoluta libertad de Bartolo Luna Pérez, Agustín Pérez Gómez, Juan Santíz Vázquez, Lorenzo Gómez Jiménez, Mariano Pérez Jiménez, José Ruiz Tzucut y Juan Pérez Hernández.

Cabe hacer notar que tanto el primer grupo como éste han sido representados jurídicamente por un organismo intachable, de sólido prestigio profesional, como es la Clínica de Interés Público del Centro de Investigación y Docencia Económicas.

¿Cuál es la lectura que tiene este hecho que no por repetitivo sería menos trascendental? Pues ni más ni menos que el caso no fue, no ha sido y a estas alturas no será ya bien interpretado ni bien investigado. Desde la fecha del trágico suceso se había expuesto en Chiapas la necesidad de integrar criterios sociológicos y de atender los antecedentes del conflicto de tan grave y terrible desenlace, porque allí ni estaban todos los que son ni son todos los que están.

Justicia desigual a los desiguales, pero para ello hubiera sido necesario caminar los caminos de lodo de los conflictuados, examinar la actuación de las instituciones que supuestamente los amparaban y guiaban, comprender la circunstancia que les había sido impuesta por ajenos. Todo lo anterior nunca justificaría los hechos, pero hubiera sido una oportunidad para quitar máscaras a ciertos protagonistas y evitar así que en el futuro sigan recreándose episodios como éste por la indebida actuación de mercaderes, simuladores y forasteros.