Chiapas se encamina en el angosto y sinuoso sendero de una rigidez forzada por el despilfarro y la incompetencia de una pandilla de vividores que no sabían ni sumar ni restar y que no se conformaron con mal administrar el presupuesto anual que cada año recibían de la Federación, sino que aprovecharon la complicidad y la falta de contrapesos para llevar al extremo el endeudamiento y en el colmo de la desfachatez, no dejar ni para el arranque de lo primordial.
Chiapas debe exigir que éstos que todavía no se ausentan del gobierno sean investigados y castigados ya no sólo por el saqueo, sino incluso por las consecuencias de su ineptitud que ahora todos habrán de pagar. No obstante que a tiempo les llamaron la atención, no se dieron por aludidos y tampoco accedieron a atender recomendaciones ni sugerencias que pudieron haber evitado la bancarrota total en todas las dependencias del Ejecutivo. Es necesario establecer un precedente, cabecilla por cabecilla de esta pandilla –que hoy se parapeta en las redes sociales–, y si es necesario llegar hasta las últimas instancias, sean o no, la administración pasada, familiares, amigos y amigas que tienen mucha responsabilidad en esta desastrosa situación y que albergan la infundada creencia que no les van a llegar a tocar las puertas para que rindan cuentas de lo que se robaron y asuman la responsabilidad penal que cada uno y cada una deban afrontar.
Son tantas les versiones todas indignantes sobre los desplantes de estos ex funcionarios, algunos incluso a través de ventrílocuos que se atreven todavía hoy a desafiar al gobierno escondiendo evidencia y lanzando ofensas por diversos medios que ellos creen ingenuamente son irrastreables. Todo lo anterior, junto con información que va fluyendo sobre estos excesos, hacen ver lo imprescindible que resulta ahondar en la investigación del trasiego que ha seguido el dinero desaparecido y dar con su paradero, pues como se dijo en días pasados, estamos ante actos de rapiña de cantidades que no pueden darse por perdidas: 300 o más millones de pesos, en una sola operación.
Entre más crece el número de ciudadanos que respaldan la demanda de que se indague y se deslinde, en la misma medida arrecian y se acentúan los ataques que se están lanzando ahora a diestra y siniestra, como si con ello, quienes tienen la obligación de investigar fueran a dar por terminado con carpetazo este asunto que ha indignado y afectado a millones de chiapanecos.
Es desconcertante que quienes fueron gobierno crean que pueden tener impunidad incluso en el insulto, en la conculcación y en el quebrantamiento. Es desconcertante porque no hay ninguna razón para que ello suceda y porque la voz predominante es que la justicia prevalezca firme en este caso, que se establezca un precedente que sirva en el futuro, pues Chiapas no merece estar en este momento en el lugar que un grupo de incompetentes lo ha colocado.
Independientemente de los delitos que deberán castigarse, estos vivillos han comprometido las posibilidades de desarrollo en los próximos años.











