"Los narcotraficantes ya no conservan los viejos códigos del siglo pasado, cuando pactaron no danar a la población civil, dejar intocadas a las familias de otros capos y evitar el involucramiento en la vida pública. No es que haya que anorar esos tiempos, sino dejar claro que esos narcos-rancheros con cierto arraigo social han sido sustituidos en las cúpulas de los cárteles por asesinos entrenados en tácticas militares. Si a alguien le queda alguna duda, basta que se entere de los enfrentamientos ocurridos ayer en Reynosa.
Casi tres horas de ráfagas entre soldados y policías contra criminales dejaron en esa ciudad de Tamaulipas 11 muertos y al menos 20 heridos. Los delincuentes usaron granadas y armas largas sin importarles que hubiera centros comerciales, tiendas y escuelas de por medio. Secuestraron automóviles de civiles, así como camiones de carga y del transporte público para colocarlos como barricada. Posiblemente hoy nos enteremos de un saldo peor.
Las decapitaciones, los mutilados, los cuerpos disueltos en ácido, las balas junto a un jardín de ninos demuestran un envilecimiento de los narcotraficantes no carente de intencionalidad. Los criminales que dirigen actualmente los cárteles conocen de estrategias de insurgencia, manejo de propaganda y contrainteligencia. Qué mejor prueba que las manifestaciones pagadas ayer en tres estados del país para exigir la retirada de los operativos federales. Los capos actuales fueron entrenados en agencias de seguridad extranjeras antes de convertirse en desertores del Ejército Mexicano.
""Están desesperados"", dice el presidente Felipe Calderón sobre la virulencia de la respuesta de los cárteles frente a los operativos militares. Las cifras comparativas de los últimos tres anos en cuanto a detenciones, decomisos, destrucción de plantíos y desarticulación de estructuras criminales le pueden brindar la razón, aunque serían incomprensibles sin la participación activa de los soldados, únicos capaces de enfrentar a grupos con semejante poder de fuego y corrupción. zQué ocurriría si las Fuerzas Armadas fuesen retiradas de esta lucha? Con 50 por ciento de los policías -municipales, estatales y federales- sin las bases de confianza elementales para ocupar sus puestos, simplemente no habría manera de dar certidumbre al Estado mexicano.
El ámbito de acción presidencial para evitar el desmoronamiento del orden público es limitado, por eso sería alarmante descubrir que los gobernadores relativizan el poder de los narcotraficantes, igual que los medios de comunicación y otros sectores sociales. Al final, resulta más fácil ignorar el problema que atenderlo.
Cuando eso sucede el narcotráfico echa raíces en la estructura política y social, lo cual genera una paz relativa bajo el dominio de un cártel, pero que estalla, como ayer sucedió en Reynosa, en el momento en que alguna autoridad -o un grupo rival- intenta recuperar la plaza.
Ese es justo el problema, que con todo y el enorme despliegue de fuerza gubernamental federal la suplantación de las funciones del Estado mexicano ya ocurre en Tamaulipas, Veracruz, Zacatecas y Chihuahua. Sicarios que cobran impuestos a pequenas y grandes empresas so pena de ser incendiadas; padres de familia condicionados al pago de cuotas con tal de no matar a sus hijos; toques de queda impuestos vía correo electrónico a la población. No nos confundamos: los peores enemigos son esos asesinos entrenados llamados Zetas. Únicamente la acción concertada entre gobiernos y actores sociales puede frenar el deterioro. Perder esta guerra sería perderlo todo. (El Universal)
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