Julio César Rincón * CP. El escenario demográfico de México hoy en día dista mucho del que prevalecía en el momento en que se inició la nueva política de población.
Entre 1974 y 2000, México logró abatir el elevado ritmo de crecimiento natural de la población; la distribución territorial predominantemente rural a mediados del siglo pasado, avanzó hacia un sistema urbano complejo y diversificado.
De acuerdo con el XXXII Periodo de Sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), México se encuentra en una etapa avanzada de la transición demográfica y poco a poco se aproxima al final de ese proceso.
El informe añade que la migración internacional, al mismo tiempo, adquirió una nueva dinámica que la convirtió en un fenómeno masivo y extendido.
El perfil sociodemográfico del México actual recoge el impacto de la modernización social y del desarrollo económico, pero también muestra las huellas de la desigualdad, la pobreza y la exclusión.
Una de las consecuencias más trascendentes de la transición demográfica es el cambio en la composición de la estructura por edad de la población.
Este proceso implica el envejecimiento relativo de la población, influido sin duda por la inercia demográfica.
La población infantil (0 a 14 años) comenzó a decrecer a partir del año 2000, y entre ese año y 2050, se espera que disminuya de 33.6 a 20.5 millones.
Los jóvenes (15 a 24 años) iniciarán esta transición a partir de 2011; se estima que entre 2010 y 2050 este grupo pasará de 20.2 a 14.1 millones. Los adultos (25 a 64 años), que actualmente suman 48.2 millones, continuarán creciendo hasta la cuarta década del presente siglo cuando alcancen su máximo de 65.2 millones.
El grupo de adultos mayores (65 años y más) tendrá el crecimiento más alto en la primera mitad del siglo XXI.
El monto actual de 5.8 millones se verá cuadruplicado en 2050, cuando la población ascienda a 25.9 millones. Resulta evidente que tales transformaciones de la estructura de nuestra población reclamarán modificaciones significativas en la naturaleza de muchas de nuestras instituciones y políticas públicas.
Al cambiar el volumen y el peso relativo de cada grupo de edad cambian también sus demandas y necesidades sociales.











