"Este lunes, durante nueve horas, los miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas bloquearon avenida Insurgentes, una de las principales vialidades de la ciudad de México. El caos provocó que las personas, desesperadas, caminaran incluso sobre el carril confinado para el metrobús con el fin de llegar a sus destinos. De nuevo los bloqueos como estrategia de presión hacia las autoridades, sin comprender que los únicos afectados, al final, son los ciudadanos y los propios inconformes cuyas causas -justas o no- quedan manchadas por la afectación al prójimo.
Dirán los dirigentes del SME, como han dicho otros que defienden estas estrategias, que ""no tenían de otra"", que la única opción dejada por el gobierno federal es la de ser escuchados a la fuerza. Aun si ello fuera cierto, ¿se puede cambiar la posición de un gobierno a través del caos vial? La gente no culpa a los gobiernos por las acciones de los manifestantes, ni en México ni en cualquier otra parte del mundo. Si acaso más bien a los funcionarios que permiten el caos (como las autoridades del DF, sin relación con el conflicto electricista).
Resultado de la protesta ¿se allanó el camino para el restablecimiento de la extinta Compañía de Luz y Fuerza del Centro? ¿El presidente Calderón recontratará a todos los miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME)? La respuesta es no. Porque la única presión que haría recular al primer mandatario viene de la opinión pública y ésta no se persuade con bloqueos. Hay muchos ejemplos en la historia reciente, desde la ""huelga"" estudiantil en la UNAM en 1999 hasta el plantón lopezobradorista en avenida Reforma en 2006. Éstos y otros movimientos con gran respaldo social en un inicio fueron deteriorándose cuando perjudicaron la vida diaria del común de las personas.
Las protestas que, por el contrario, sí fueron exitosas no tuvieron como objetivo afectar las actividades de los demás. Antes y después de que Andrés Manuel López Obrador fuera despojado de su fuero por un proceso judicial dudoso, sus defensores realizaron marchas y plantones para reclamar la artimaña. ¿El resultado? Vicente Fox reculó y el perredista logró su candidatura presidencial. ¿Cuál es la diferencia entre aquella presión social y la que ahora ensaya el SME? Que las movilizaciones contra el desafuero no buscaron paralizar la ciudad, sino mostrar la magnitud del apoyo ciudadano, y lo consiguieron, sin necesidad de cortar durante nueve horas una arteria principal.
Tenga o no razón el SME en su reclamo, lo cierto es que su estrategia para comunicarlo es la peor posible. Se gana el repudio de transeúntes y automovilistas en un intento estéril por intimidar al gobierno. (El Universal)
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