Anteriormente, la homosexualidad era considerada un trastorno o una enfermedad mental, al igual que las identidades trans, que fueron nombradas como “disforia de género”, lo que ocasionaba una derivación a un proceso psiquiátrico, e incluso terapias de conversión, que en lugar de ayudar generaban una invisibilización y más violencia.
Mauricio Albores Argüello, doctor en psicología y académico disidente, comentó que entre los profesionales de la psicología el cambio de paradigma ha sido complicado, debido a las teorías y los modelos formativos de las escuelas, siendo que todavía algunos tienen enfoque cisgénero.
Trabajan con modelos encaminados a la heteronormatividad y heterosexistas en el concepto binario de género de ser hombre o mujer, dejando de lado las identidades trans y no binarias.
Es importante desde la academia dar cuenta de ello, porque la práctica clínica tiene una incidencia muy importante; por eso es importante promover el cambio en cursos, talles y foros para que las escuelas y las instituciones se comprometan a cambiar sus programas educativos, sin elementos heteronormados.
Destacó que es importante visibilizar las violencias que desde la disciplina psicológica han emergido en colaboración con otros movimientos para erradicarlas, como las terapias de conversión para personas disidentes sexuales, las cuales estaban muy presentes y que ahora están penalizadas en la mayor parte del país, aunque sigue pendiente en estados como Chiapas.
Además, es importante analizar los modelos teóricos que se asumen desde la explicación sobre las identidades sexogenéricas, y que es importante que en las poblaciones trans se hagan visibles para que no se genere violencia desde la psicología.
Un tema que se ha puesto en el ojo público, relativamente reciente, tiene que ver con las infancias trans, sobre lo cual especialista dijo que se ha avanzado poco en ello por los modelos ortodoxos de psicoterapia que aluden a un elemento adultocéntrico, sin ver el agenciamiento que las infancias pueden tener.
En algunos estados, sobre todo en el centro del país, existe una legislación sobre las infancias trans, con una apropiación desde el acompañamiento con las familias, algo que falta en muchas entidades.











