La reacción conservadora

"México es un país con una geografía ideológica muy diversa, con valores que llegan a los extremos y que chocan con frecuencia. Basta para convencerse de ello con ver lo ocurrido tras la legalización a la interrupción voluntaria del embarazo, avalada en el Distrito Federal en abril de 2007. La decisión provocó la furia de los conservadores, tal cual hoy lo genera también la aprobación de la Asamblea Legislativa a que los matrimonios entre dos personas puedan efectuarse sin discriminar el sexo de los contrayentes.

En su momento, la promulgación de la ley que despenalizó la interrupción del embarazo, generó en el lugar común conservador una reacción de descontento que hasta la fecha se ha traducido en una oleada de cambios legislativos en varios estados, modificaciones que llevan los derechos de la mujer atrás del año 1857. No es una exageración, ya que después de esa fecha, el aborto por violación o por problemas de salud dejó de ser criminalizado. Además, lo que antes era letra muerta, es decir, la cárcel para las mujeres que tomaban esa decisión, ahora sí tiene consecuencias penales para ellas.

Pugnas de similar virulencia se derivaron de otras acciones de gobierno, como la Ley de Sociedades de Convivencia, que en el Distrito Federal permitió el reconocimiento legal de familias distintas al estándar conservador (padre, madre, hijos), así como el activismo público que los presidentes Vicente Fox y después Felipe Calderón, hicieron en favor de los valores de la Iglesia Católica en el marco de un Estado laico.

Al mirar este patrón de confrontaciones sociales, resulta entendible que vuelvan a manifestarse posiciones extremas respecto de los matrimonios entre personas del mismo sexo y el derecho de las mismas a formar una familia, lo cual implica la adopción de menores. ""Es una ley que atenta contra la sociedad mexicana"", dijo la presidenta del PAN en el Distrito Federal, Mariana Gómez del Campo. Una concepción, compartida por otros sectores, que asume ciertos derechos ciudadanos como exclusivos de una preferencia sexual única.

Octavio Paz reclamaba a los mexicanos no haber transitado nunca por el Siglo de las Luces, una acusación que si bien podría parecer injusta, en días como hoy suena incluso suave. Ese periodo histórico de la humanidad al que se refería el escritor, no sólo fue cuna de las libertades individuales, sino creadora de mapas conceptuales, herramientas forjadas en la lógica y una ética que permitía a liberales y conservadores coexistir pacíficamente.

Con tantos conflictos ideológicos en puerta, el siglo XXI mexicano deberá ser la era de la Ilustración, que no vivimos en el pasado, porque de lo contrario, quienes habitamos este país terminaremos desgarrándonos mutuamente hasta perder el espacio público de libertades que, a pesar de todo, aún conservamos.

El Universal

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