La república de los cielos

Cruce de viajeros hacia todos los puntos de la rosa de los vientos, los aeropuertos son, con su entorno fascinante, eje dinámico de la globalización, pero también punto clave de los operadores del crimen.

Del 2000 a la fecha, la mitad de los decomisos de drogas fueron hechos en el aeropuerto de la ciudad de México. Sólo en los cuatro primeros meses de este ano, cada mes se han decomisado 1.1 toneladas de estupefacientes en esa terminal aérea. Un dato novedoso es que 3.4 toneladas de esos envíos eran de seudoefedrina proveniente de Alemania en envíos ilegales.

El Benito Juárez no es el único donde se da ese trasiego. El servicio de inteligencia de la Procuraduría General de la República, obligado por la ley de transparencia, dio a este diario registros de los 15 aeropuertos más utilizados para el trasiego de cocaína, marihuana, heroína y metanfetaminas procedentes de Colombia, Venezuela, Perú, Guatemala, y Costa Rica.

El vuelo 374 de Mexicana, proveniente de Caracas, se ha hecho famoso como burro predilecto para ese transporte, cuyos usuarios siguen el ejemplo de Amado Carrillo, apodado El Senor de los Cielos por traficar en aviones.

Los aeropuertos identificados se encuentran a lo largo del litoral del Pacífico, la frontera norte y el sureste, además de San Luis y Zacatecas.

Los datos sólo reflejan una parte del volumen que se maneja, el que es decomisado. La porción desconocida, es de suponerse, sería mayor por las decenas de miles de operaciones que se suceden todos los días en esas 16 terminales.

El control del crimen organizado sobre los aeropuertos se advierte también en el asesinato de quienes detectan los cargamentos de droga.

En la terminal de la ciudad de México convergen todas las dependencias federales, que coordinan su acción mediante dos consejos, uno operativo y otro de seguridad. La vigilancia se supone estricta. Y, sin embargo... se mueve.

De un lado a otro se necesita gafete de identidad. Hay cámaras de televisión y policías, uniformados o vestidos de civil, en todas las áreas; perros, arcos de seguridad, registros personales y del equipaje. Los mismos 25 millones de pasajeros que anualmente llegan o salen por allí cubren una cuota de ocho pesos por concepto de revisión de sus pertenencias, encargada a empresas privadas claramente improvisadas.

Desde el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono en Washington, el 11 de septiembre de 2001, la vigilancia se hizo más severa, para cooperar con la alerta antiterrorista de Estados Unidos. En su libro En el centro de la tormenta. Mis anos en la CIA, el ex director de la agencia, George Tenet, confirma que Al-Qaeda buscó usar la frontera con México para infiltrar a terroristas suicidas a su país.

?Es lo único que nos faltaba! Más allá de los temores de los vecinos del norte, el control de los aeropuertos se impone como parte de la estrategia calderonista para recuperar territorios dominados por la delincuencia organizada.

En todos los aeropuertos, pero principalmente en la capital, se requiere de mayor y mejor vigilancia y menos corrupción. Rotar al personal, hacer un seguimiento de las tomas de más cámaras, exigir declaraciones patrimoniales a los agentes e investigar a las empresas contratistas de todo tipo de servicios es lo mínimo que se puede esperar. (El Universal)