El rendimiento del Instituto Mexicano del Seguro Social está desde hace varios anos dolorosamente deteriorado por una gama de razones que van desde la deshumanizada atención a los pacientes, hasta la sobrecarga de trabajo de médicos y enfermeras y la angustiosa escasez de medicamentos y el más modesto material de curación. Ante este panorama crítico se cierne ahora la amenaza de una huelga. La huelga es el instrumento más poderoso obtenido por los trabajadores para defender sus derechos y pugnar por su mejoramiento personal, económico y profesional.
Pero cuando es blandido ante una institución encargada del cuidado de la salud y del bienestar social de sus agremiados, y en los hechos pudiera causar inevitables perjuicios en personas que requieren atención médica, tanto los que actualmente están hospitalizados de quienes se ha garantizado su atención como aquellas que dependen exclusivamente de este servicio en casos de urgencia futura, entonces habría que reflexionar cuidadosamente respecto de esta obligación y de los responsables.
Los trabajadores apelan limpiamente a un recurso que les brinda la Constitución, y están en su pleno derecho. No obstante, corresponde a ellos asumir su parte de responsabilidad de frente a millones de mexicanos que podrían quedar desamparados en los diferentes aspectos del servicio médico, en particular aquellos que no tienen más opciones que ésta a partir de que han pagado la contribución que la ley les establece para garantizarles la seguridad social que requieren tanto ellos, como trabajadores, así como sus familiares dependientes.
Pero también debe quedar claro que es el Estado mexicano el que tiene bajo su responsabilidad el garantizar la seguridad social de todo mexicano, aun en momentos críticos. O bien, precisamente en momentos críticos es cuando el estado debe mostrar que está capacitado para cumplir con la responsabilidad asumida de otorgar el bienestar social médico en este caso a todos los mexicanos.
El sindicato, por su parte, debe su existencia a su obligación de auspiciar las demandas de los trabajadores y llevarlas a buen puerto. Así, estado y sindicato, tienen una responsabilidad mayor con los cotizantes que esperan ver garantizado su pleno derecho a la seguridad social.
Es por ello que, independientemente de las negociaciones que se lleven a cabo y que por nuestra parte esperamos que no se extiendan por mucho tiempo, es urgente que ambos asuman su responsabilidad aun en momentos en que esos mecanismos de negociación persistan.
La buena salud de una sociedad tiene responsables. No hay nada peor que el dolor humano sin solución y si hay algo que puede estar por encima de ambos, gobierno y sindicato, son precisamente los asegurados y sería una muy grave irresponsabilidad olvidar las razones esenciales que dieron origen al Seguro Social y, en consecuencia, a su sindicato: aliviar el dolor humano; lograr una sociedad sana; contribuir para que quienes tienen el infortunio de enfermarse cuenten, en todo momento, con un servicio de salud que les permita solucionar pronto y bien este trance, que nadie quiere pero que ocurre en cualquier momento. Apelamos a la madurez de las partes y reiteramos: es responsabilidad del gobierno mexicano otorgar, en todo momento, la garantía de la salud y la atención médica a todos los mexicanos; es su obligación, aun en momentos difíciles. Y es responsabilidad del sindicato no olvidar que en sus manos está la vida de muchos mexicanos. (El Universal).











