Desde hace diez años, la señora María Elena, trabaja en el crucero de la antigua Fuente Mactumatzá. Algún tiempo vendió sus gardenias de casa en casa, hasta que su hija fue víctima de un perro muy agresivo que le causó lesiones. Además de ese accidente, lidiaba a diario con los inspectores municipales que le exigían tarifas muy altas. Su esposo trabaja una parcela de la que obtienen maíz para vender y elotes para comer en su casa del ejido Guadalupe Victoria en Coita.
“Tengo 56 años y estoy contenta con mi trabajo. Me da mucha pena ver cómo llega gente ‘entera’ y hasta con carro a recibir dinero del Gobierno… Todos quieren dinero, pero ya no quieren trabajar”, nos dice mientras prepara los pequeños liados de aromáticas gardenias.
“Lo que más me gusta es mucha gente pasa por su ramito de gardenia porque ya se hicieron mis clientes…”, dice mientras se pierde, de carro en carro, bajo el sol inclemente del medio día tuxtleco.












