Los devastadores efectos del paso del huracán Katrina por el sur de Estados Unidos, particularmente en la ciudad de Nueva Orleáns, han despertado una ola mundial de solidaridad con los afectados por la tragedia, quienes hoy no encuentran punto de reposo a sus problemas ni cómo recuperar su tranquilidad y rutina de vida previa al embate del fenómeno meteorológico.
El gobierno mexicano ha expresado a las autoridades y pueblo estadounidenses su disposición para enviar toda la ayuda que sea posible, como parte de un convoy mundial de víveres y satisfactores que puedan paliar en algo las enormes necesidades de las víctimas.
Nuestro país es solidario con los pueblos en circunstancias de emergencia, porque nosotros mismos hemos sido afectados, históricamente, por fenómenos de la naturaleza tan enormes como los terremotos de hace 20 anos en la Ciudad de México, en los que las dimensiones de la tragedia obligaron a la sociedad a solidarizarse entre sí y a apreciar la ayuda internacional que en su momento fue tan importante para hacer más llevaderas aquellas negras jornadas. Asimismo, la ayuda que los mexicanos y el gobierno puedan enviar a Nueva Orleáns no sólo es altruismo internacional, sino una forma de respaldar a compatriotas que por diversas circunstancias se encuentran en aquella región. La población afectada es tanta, que todavía no ha sido posible cuantificar cuántas de las víctimas proceden de nuestro país.
Será importante que el Gobierno de México, vía la Cancillería y los consulados respectivos, intervengan para amparar a cualquier conciudadano que requiera auxilio y no quede abandonado a su suerte, dado que la atención de la emergencia por parte del Gobierno de Estados Unidos a la zona afectada no ha sido todo lo expedita que se necesita.
Esa lentitud con la que los servicios de emergencia estadounidenses federales se han incorporado a las labores de rescate ya genera una fuerte tensión política. El alcalde de Nueva Orleáns, Ray Nagin impulsado por la desesperación e impotencia del momento ha reprochado con razón a la administración del presidente George Bush no actuar con la velocidad que las circunstancias exigen, lo que significó la pérdida de días valiosos y, por consecuencia, la muerte de un número todavía no cuantificable de personas.
Sin duda, la falta de reflejos oportunos para asistir a la población tendrá costos políticos para el Partido Republicano, del presidente Bush, en las próximas elecciones federales. A la impericia en el manejo de la catástrofe, el gobierno estadounidense tendrá que ser cuidadoso, a su vez, en sus planteamientos internacionales de ayuda, para que las consecuencias de los desastres causados por Katrina no sean pagadas por la comunidad internacional, que entiende el sentido humano de la solidaridad, pero que no debe llevar a su economía el pago de la reconstrucción ni lesionar el precario equilibrio en materia de precios de los energéticos del mundo.
El Departamento de Energía de EU ha solicitado a los países de Europa y a la Agencia Internacional de Energía liberen reservas propias de gasolinas, para suplir el faltante de hidrocarburos generado por el cierre de refinerías de la región y, de paso, disminuir los precios del petróleo en el mundo. En parte esto ya se ha conseguido.
Se entiende la urgencia de que Estados Unidos no se quede sin 10 por ciento de sus reservas energéticas por culpa del huracán, pero no es válido especular con la tragedia para negociar precios de materias primas regulados por las fuerzas del mercado.
Nuestra ayuda a la gente de Nueva Orleáns y, en particular a los mexicanos que ahí se encuentran es, sin duda, desinteresada. (El Universal)











