La Universidad y el premio

"Sara Sefchovich * / El Universal. En su más reciente blog en El Universal, Cristina Aguayo-Mazzucato se refiere a los ganadores del Premio Nobel de Medicina y resume en tres palabras lo que permitió a esos investigadores hacerse de ""la máxima condecoración que un científico puede recibir"": recursos, apoyo y colaboración.

Esto parece lógico y sencillo, pero no lo es. Hoy día los investigadores no cuentan con suficiente presupuesto ni disponen de la libertad para dedicarse a su trabajo, sin las presiones de quienes dirigen y administran la ciencia (que en realidad controlan, de acuerdo a sus gustos, convicciones e intereses), a quienes conviene que se estudien ciertos temas y de ciertas maneras y que haya resultados rápidos, visibles y sobre todo vendibles; ni se cuenta con la colaboración de los colegas que cada vez es más complicada por aquello de la competencia, de la defensa de los intereses y de eso que se llama ""cuidar la puerta"".

Este modo de funcionar se inventó en la sociedad estadounidense en los anos 80 del siglo pasado, cuando ""el clima ideológico cambió, de uno en que se valoraba a la ciencia por sí misma y por interés público, a uno en que se le valora por las ganancias que puede producir"", según afirman Elliot Aronson y Carol Travis.

Desde entonces los científicos de ese país entraron en una escalada de productividad cuyo modo más reciente consiste en obligarlos a conseguir sus propios fondos, dejando atrás la sana costumbre de que la investigación se hiciera con recursos del gobierno o de las universidades. Ello afectó de manera significativa a la ciencia porque impuso modas en los temas y en los modos de trabajar y porque la vinculó de manera directa al mercado.

El esquema que nació originalmente para las ciencias duras se fue imponiendo también en las ciencias sociales y las humanidades, a las que se empezó a considerar iguales a aquéllas, siendo que no lo son ni pueden serlo, pues sus objetivos y objetos de estudio requieren de tiempos y modos de trabajo específicos. Además, el esquema salió de Estados Unidos para entrar en otros países, cuyas capacidades económicas y patrones culturales eran del todo distintos. En México, por ejemplo, la larga tradición humanista se vio alterada por los criterios eficientistas y los modelos cuantitativistas que se impusieron por el supuesto de que así se debe hacer el trabajo científico.

Esto viene a cuento hoy porque la Universidad Nacional Autónoma de México recibió el Premio Príncipe de Asturias en Comunicación y Humanidades, importante reconocimiento a la institución y a quienes formamos parte de ella, pero reconocimiento también a lo que constituye el aporte más significativo de la Universidad que, según se dijo en el acta del jurado, es ser un modelo de ensenanza y formación, haber nutrido al ámbito iberoamericano de valiosos intelectuales y científicos, haber impulsado poderosas corrientes de pensamiento humanístico, liberal y democrático, y haber creado instituciones que amplían el mundo académico y entroncan en la sociedad.

Se trata entonces de un reconocimiento doble: por una parte, como manifestó el rector José Narro, a la importancia de la universidad pública, laica, diversa, crítica y con compromiso social, pero también, de acuerdo con lo que senaló el jurado, a un modo de generación de conocimiento y pensamiento que requiere de un modo de ser y trabajar que paradójicamente ya no es el que hoy se acepta y sigue.

Por eso el premio significa un fuerte compromiso: hacia fuera de la institución para defenderla y cuidarla, conseguir recursos y apoyo de la sociedad, y hacia dentro, para luchar en contra de los criterios productivistas y de la burocratización que se sustenta en el pretexto de la necesidad de planeación, transparencia y vigilancia colectiva. Para ello se requiere desmontar el supuesto de que lo correcto es funcionar como el país vecino en lugar de preservar lo que ha permitido y cimentado la grandeza de la UNAM. Que el premio que hoy nos honra sirva para no cejar en nuestro empeno por que la Universidad siga en el camino que tantos resultados excepcionales le permitió conseguir. [email protected] * Escritora e investigadora en la UNAM

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